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Entrevista a Juan Carlos Giuliani Por Alexis Oliva*. El secretario de Comunicación de la CTA, Juan Carlos Giuliani, caracterizó a la sociedad civil que acompañó el terror militar, desplegado desde el Tercer Cuerpo de Ejército y focalizado en “una clase trabajadora combativa, con construcción y organización”.
Preso político durante la dictadura y secretario general del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA) entre 1994 y 2005, Giuliani desenmascara a la Córdoba empresaria, eclesial, mediática y judicial, cómplice del represor militar y enemiga de “un movimiento de trabajadores con una potencia de resistencia y combatividad”. Para el dirigente sindical, esa clase obrera protagonizó "una epopeya de resistencia” a la dictadura, que hoy se pretende ocultar. ¿Qué reflexión le merece que se haya logrado llevar a juicio a Luciano Benjamín Menéndez? El significado que tiene en el Siglo 21 para Córdoba tener sentado a Menéndez, enjuiciado por delitos de lesa humanidad, es el mismo significado que tuvo para la Revolución de Mayo ajusticiar a Santiago de Liniers en Cabeza de Tigre. Ese fue el primer intento contrarrevolucionario monárquico que hubo en nuestra provincia, que como digo siempre, es una provincia paradojal: la de la Reforma Universitaria y el Cordobazo, la del levantamiento de Liniers, el golpe gorila del ‘55 y el reinado sobre la vida y los bienes de los cordobeses de Menéndez y la horda de asesinos que prestaron servicio en el terrorismo de Estado. ¿Se puede decir que esa Córdoba prohija a un personaje como Menéndez, que era de los más emblemáticos del Proceso militar? Lo prohija, lo festeja, lo celebra... ¿La Voz del Interior es capaz de decir que el general Menéndez participaba de los aniversarios del diario centenario? ¿La Bolsa de Comercio será capaz de decir que engalanaba sus salones cada vez que había algún acontecimiento importante? ¿Lo podrán decir los grupos empresarios? ¿Los dirigentes políticos que lo visitaban en el Tercer Cuerpo pidiendo consulta y opinión mientras él tenía las manos ensangrentadas de torturar y asesinar a compañeros? Su presencia en los palcos después de retornada la democracia. Córdoba le rinde pleitesía al poder permanente. ¿Cuál es ese poder permanente en Córdoba? El Arzobispado, el Tercer Cuerpo de Ejército, la Justicia cordobesa, la provincial y la federal, y los barones económicos, los dueños reales de las cosas porque el resto son gerentes. Los Roggio, los Pagani, los Urquía, la Bolsa de Comercio, donde juegan a la timba de las ganancias, y la Fundación Mediterránea, que es la que les baja línea, de donde surgió (Domingo) Cavallo y toda esta historia del neoliberalismo. En Córdoba, detectar a los grupos de poder es muy sencillo. Lo que pasa es que como tienen comprados a los grandes grupos económicos que manejan la opinión pública en la provincia, todo se trata de manera diferenciada. ¿Cree que la Justicia puede empezar a rendir cuentas con este juicio? Por todos los vericuetos que han impedido, más allá de los nacionales como el indulto y las leyes de impunidad, que esto suceda antes... La Justicia es el poder más retrógrado que queda en la Argentina y me parece que a esta altura del partido ya deberíamos interpelarnos si no es una barbaridad que siga existiendo un poder que formalmente y de fondo tiene una concepción feudal del manejo de la res pública, de la cosa pública. Desde el hecho que uno tenga que referirse a un juez como Su Señoría, como si fuera un ser superior; el entramado que tienen las familias cordobesas de doble apellido manejando los juzgados y las fiscalías más importantes; la sensación justificada del hombre de a pie de que existe una Justicia para los ricos y otra para los pobres es una cuestión absolutamente certificada. Creo que la democracia ha llegado a amplios estratos de la vida social argentina y cordobesa en particular. Y uno de los que apenas ha abierto algunas rendijas es la Justicia. Hay que tratar de que entren huracanes a los tribunales. Este juicio es significativo también por el hecho de que en Córdoba la represión -y a esto lo subrayaron los querellantes en sus alegatos- estuvo muy focalizada sobre la clase trabajadora, quizás más que en otros casos por ser una ciudad industrial. Sí, por supuesto. Además, el 62 por ciento de los desaparecidos en la Argentina eran militantes, miembros de comisiones internas, delegados o dirigentes de organizaciones de trabajadores. En segundo lugar, había en Córdoba un movimiento de trabajadores con una potencia de resistencia y combatividad muy fuerte. Por lo tanto, cuando vino la restauración oligárquico-imperialista y llegó la hora del terror de los militares, que fueron la fuerza que usaron los grupos económicos para desembarazarse de la oposición, hicieron obviamente foco en la clase trabajadora. Hay sindicatos como el de Perkins que fueron directamente desmantelados, metiendo preso desde el secretario general, el Negro Vila, hasta algunos vocales como Carlos Ríos, y tiene siete desaparecidos. Yo tengo el orgullo de pertenecer a una central que es la primera que testifica en una causa contra los represores, llevando la denuncia al juez (Baltasar) Garzón en España y también en Italia, respecto a los delegados, trabajadores, juntas internas y dirigentes sindicales que habían desaparecido en la Argentina, expedientes que llevaron los compañeros Víctor De Gennaro y Marta Maffei. Me enorgullece porque nosotros somos parte querellante en el juicio contra los genocidas. Justamente, la clase obrera tuvo un gran castigo pero también ejerció resistencia. Uno ve en la edición de la agenda de la CTA de este año la cantidad de fechas y acciones que hubo durante la dictadura misma. Es impresionante. Y cómo lo han ocultado, porque ellos tienen que invisibilizar que los trabajadores siguieron resistiendo. Metiéndoles un rulemán en la cinta transportadora, o miguelitos a la salida de los bondis, o haciendo huelga de brazos caídos, o trabajando “a tristeza”... El nivel de resistencia de los trabajadores fue una epopeya. Y si no, comparemos lo que duró la dictadura en la Argentina, con lo que duró en Chile o Uruguay. Eso te da el nivel de conciencia, organización y lucha de la clase trabajadora argentina comparada con la de nuestros países hermanos. Por ejemplo, los medios no se acuerdan de la huelga general y movilización del 30 de marzo de 1982... No se acuerdan. Porque además fue una cuestión pactada a la salida de la dictadura y el ingreso de la democracia, cuando el primer gobierno constitucional, de Raúl Alfonsín, en el informe de la Conadep legitima e institucionaliza la “teoría de los dos demonios”. Entonces, si había “una banda de pequeños burgueses aventureros que andaban tirando tiros por ahí” -como decía el Partido Comunista Argentino- y estaban “las Fuerzas Armadas de la Nación” por el otro lado, la consecuencia es que el resto del pueblo miraba esto como un partido de tenis. Es funcional a la teoría de los dos demonios que se invisibilice la resistencia y la lucha de los trabajadores argentinos. Y es funcional a esa teoría que no hablen del 30 de marzo del 82, cuando fueron reprimidos los trabajadores dos días antes de que (Leopoldo) Galtieri se dedicara a querer rescatar las islas Malvinas. Por eso la teoría de los dos demonios, que recién empieza a ser desmantelada ahora porque existe mayor nivel de conciencia, realmente ha sido muy dañina, porque ha tergiversado la historia. Supongamos que Menéndez y compañía y todos los que faltan terminen siendo condenados y yendo a cárceles comunes, ¿qué falta en materia de derechos humanos? En primer lugar, hay una contradicción flagrante en cuestión de derechos humanos, donde el Gobierno derogó las leyes de obediencia debida y punto final y de hecho tiene una política de reconocimiento de la memoria y la justicia. Sin embargo, según el último informe del Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), un organismo insospechado de tener alguna mácula de oposición -porque sabemos la posición de Horacio Verbitsky frente a los últimos acontecimientos-, en la Argentina y sobre todo en los últimos cinco años el estado de las cárceles constituye una flagrante violación a los derechos humanos y a las convenciones internacionales que ha firmado el propio Estado argentino. Eso forma parte de los derechos humanos, porque que vos estés privado de desplazarte en el espacio, privado de tu libertad, no significa que se te prive del resto de tus derechos humanos. La otra cuestión importante, que no tuvo el Gobierno y lo estamos pagando con Jorge Julio López, es la protección de vida a los testigos. Porque lamentablemente como no se han unificado las causas, no se animan los jueces a plantear que acá hubo un genocidio, se siguen haciendo las causas por separado. Y si no fuera por el valor heroico de los testigos, que tienen que volver a revivir el terror y cara a cara decir: “Este me torturó” o “este asesinó compañeros”, no estarían presos. Ahí hay una falla del Estado, del Poder Judicial pero del Estado en general. ¿Qué otra prueba hace para decretar que acá en la Argentina hubo un genocidio y podamos sentar a todos estos tipos y juzgarlos? Y no ir causa por causa, con lo cual dentro de treinta años vamos a seguir haciendo juicios o van a concluir los juicios porque van a estar muertos estos genocidas. El Gobierno debería impulsar aún más la unificación y la aceleración de las causas. * Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba Capital. 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