Fuente: Página/12

Docentes e investigadores señalaron que el Sistema de Reconocimiento Académico busca facilitar la circulación estudiantil, pero no enfrenta las principales dificultades de la universidad. Advirtieron que puede vulnerar la autonomía al homogeneizar las carreras.

“No se elabora ninguna distinción entre universidad pública y privada”, dijo Socolovsky.

El Sistema Nacional de Reconocimiento Académico que está impulsando el Gobierno en las universidades nacionales apunta a facilitar la circulación de los alumnos entre diferentes instituciones. Pero no hay ningún estudio que vincule a las dificultades en movilidad estudiantil con la deserción, las bajas tasas de graduación, la calidad académica u otros problemas de la educación superior. Además, el sistema de créditos –lanzado la semana pasada para carreras de ingeniería– implica una homogeneización que atenta contra la autonomía y también iguala a las universidades públicas con las privadas.

Esas fueron algunas de las críticas que docentes e investigadores plantearon ayer, en un debate organizado por el Instituto de Estudios y Capacitación de Conadu. El encuentro tuvo lugar en la sede del sindicato Sadop. Yamile Socolovsky, dirigente de la federación docente Conadu, fue quien abrió la charla: “El sistema de créditos nace bajo la presunción de que la movilidad estudiantil es el gran problema universitario, que decanta en la baja tasa de graduación. Sin embargo, no hay ningún número que corrobore esa hipótesis; en el borrador del Plan Maestr@ no hay cifras que demuestren tal situación”, señaló en primer lugar. Otra posibilidad que abrirían los créditos –agregó– es la de conectar universidades nacionales con extranjeras, algo que, según el Gobierno, serviría para “elevar la calidad académica”. Pero eso también viene con la “trampa” de igualar las universidades públicas con las privadas, “ya que no se elabora ninguna distinción”.

Como tercera cuestión central, Socolovsky citó un párrafo del Plan Maestr@ donde se habla de “estrechar el vínculo entre las universidades y los sectores productivos”, algo que el sistema de créditos, vía acreditación de las carreras por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), facilitaría. Al no haber mayores precisiones sobre esto, sumado al “secretismo” que reina sobre el tema, Socolovsky dijo que, de acuerdo a las políticas que impulsa Cambiemos, se entiende que estos “sectores productivos” serán empresariales, y dudó de los “beneficios” que puedan aportarle al sistema educativo.

Juan Pablo Abratte, decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Córdoba, remarcó que “el problema de la movilidad estudiantil es mínimo en el sistema universitario”. El sistema de créditos ya se viene instrumentando dentro de la UNC, bajo la promesa de generar un sistema “abierto, flexible y dinámico”, algo que combatiría la deserción. Para Abratte, las universidades bajo un sistema de créditos corren el peligro de “delegar autonomía”, ya que una homogeneización de las carreras se impondría por sobre cualquier perfil académico institucional. Hoy son 63 las universidades, entre privadas y públicas, que adhirieron al sistema de créditos.

Cristina Nacif, docente especialista en Historia, de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan, observó que hay cláusulas que no se conocen en el convenio sellado por las facultades de Ingeniería que se sumaron al sistema de créditos. Son 230 carreras de Ingeniería las que forman parte del acuerdo.

La Universidad Nacional de General Sarmiento no se sumó al sistema de créditos. Oscar Graizer, secretario académico de la UNGS, afirmó que, por no integrar el sistema, no pueden participar de las reuniones que se realizan sobre el tema en la Secretaría de Políticas Universitarias del ministerio de Educación. Un hecho que han reclamado desde el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN, órgano que agrupa a todos los rectores de las universidades públicas). “Habían dicho (los funcionarios) que el sistema de créditos se iba a discutir en el CIN, pero no pasó nunca por ninguna comisión”. Las universidades que firmaron lo hicieron sin saber de qué se trataba. Como en el póker, cuando se paga para ver, ironizó. Graizer destacó que “las relaciones políticas” primaron entre las casas de estudio que firmaron.

Una de las cuestiones que dejó en claro el debate de ayer fue que, al sistema impulsado por el gobierno de Cambiemos, le faltó justamente debate con la comunidad académica.

Informe: Gastón Godoy.

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