Luis Chitarroni, nació en Buenos Aires en 1958. Chitarroni es más conocido por su labor como editor especialmente en Editorial Sudamericana que arranca en 1986 cuando se suma a la Editorial.

En los finales de los `80 y principios de la década siguiente integra la Revista Literaria Babel donde estaba al frente de la sección fija “Siluetas” que luego devino en el libro del mismo nombre.

En 1997 publica su primer novela “El carapalida. Actualmente, Chitarroni, es el editor y figura responsable de La Bestia Equilátera, editora independiente que oficia de “tipo ideal” en el mundo editorial, sobre todo para aquellos que buscan escapar al cliché remanido de la línea de producción literaria que garantiza éxitos de mercado.

La entrada del bunker Chitarroni, en el barrio de Belgrano, es cálido y los libros amarran la geografía de un mundo propio. En la sala misma de la planta baja hay una mesa ratona con ediciones gordas de pinturas y cómics. El tiene su estudio en el primer piso y en su escritorio ocupa un lugar central un pote grande plasticola, (me muero de ganas de preguntar qué hace un artilugio del siglo pasado, allí) En varios pasajes de la charla, Chitarroni cierra sus manos sobre el pote y reflexiona apoyándose en esa extraña mascota. A un costado un sol de la tarde insiste en participar de la charla y “quema”, incendia vidrios y ventana, pero sigue allí, frío y empecinado.

Un reportaje especial deviene en que hubo un primer encuentro, una charla agradable que en parte fue grabada y luego, ante la amenazante gripe trepando hasta su nariz, y Luís Chitarroni respondiendo a su estado de ánimo, propuso responder las preguntas por correo electrónico. De ahí la advertencia de reportaje especial, ya que entre el habla y el texto escrito producen una extraña diferencia de tono y estilo. Aclarada esta cuyuntura, y al amparo de los libros, la cronista manda la primera acotación fuera de lugar: India- Tiene, usted, una cabellera marxista.

Chitarroni, como buen anfitrión la toma al vuelo y responde: Quería tener la cabellera de el Príncipe Valiente. Treinta años después me di cuenta que esos tipos se engominaban. Hay tipos como James Brown, que a medida que trascurre el show, les va quedando, apareciendo el árbol, tras la dominación y la docilidad.

-Es un estilo Don King...

- Es cierto no lo había pensado. Y se ríe. Después, ya adentrado en el tema de editoriales y los cortes del mercado literario en el país, Chitarroni ingresa rompiendo floreros, en ese su mundo: Hay cortes –dice- que tienen que ver con motivos económicos, por ejemplo, con la dictadura. Hay que pensar que antes de la dictadura, era un paraíso. Las librerías en Corrientes estaban abiertas toda la noche, se vendía muchísima literatura argentina, cosa que después dejó de pasar y la otra cosa que aporta a golpear todo el sistema editorial argentino es cuando comienza la prosperidad española en los `80, después de la muerte de Franco. Antes, nuestro país era considerado el mejor mercado de Latinoamérica, junto con México y diría, que Argentina era mejor.

-Pero nunca llegó a tener los precios que tienen los libros en México...

Claro, pero ellos tienen ese Estado muy eficiente que era el PRI y que subvencionaba. Además tienen el Fondo de Cultura Económica, claro que los precios nunca fueron iguales. Pero sí había mucho interés, mucha curiosidad y los precios tampoco eran exorbitantes. Esto comenzó a pasar cuando empecé en el mundo editorial en el año `85 - `86, que quienes tenían la prioridad para comprar derechos, eran los españoles.

Escuche, tanto García Márquez como Vargas Llosa –para poner ejemplos, decir siempre, “crecimos leyendo libros argentinos, a Faulkner, a Thomas Mann, los leíamos en ediciones argentinas”. Esto deja de pasar porque hay una avanzada con la prosperidad española que duró hasta hace un año atrás. A nosotros nos costaba un Perú, literalmente, y ellos lo conseguían por nada. Cuando yo estaba en Random House, Mondadori, tampoco tenía mucha posibilidad de elegir porque el editor español era el que contrataba el libro. Tenían muchísimas más facilidades económicas y de contactos europeos. Así que podría decir, que hubo un cambio de guardia, empezó a ser el mercado español el que domina, cosa que antes no había sido así.

-Eso empieza con el golpe militar.

- Sí, y ese año me tocó hacer la conscripción, había un decreto por el cual se empezaba a los dieciocho años. Terminé el secundario e hice el Servicio Militar, para mí fue una tortura, increíble. Era como pagar una condena por un delito que no había cometido, era todo lo contrario a todo lo que pensaba, y todo lo que odiaba. Sobreviví, por supuesto. Durante catorce meses no fui ciudadano y como soldado no servía ni como rehén, era una especie de prisionero de campo de concentración.

-Dentro del mercado literario actual, en qué momento ubica, el corte entre la formación enciclopédica de los escritores y la generación actual, más especializada y afín con las nuevas tecnologías. ¿Hay algún autor argentino que marque esta fractura de la que estamos hablando?

Ese corte estaba ya antes. Hay un escritor que marca mucho la cosa, aunque tuvo un predominio corto: Manuel Puig. Puig, es un escritor que puede constituirse sin apelar a lo que llamaríamos la alta cultura, sino que apela a la cultura popular. Después, como contrapartida, en París está Saer que hace su literatura. Todo puede convivir muy pacíficamente en la literatura. Saer y Puig, serían como antípodas, pero los dos conducen a lugares distintos. Lo que hay sí como efecto de la educación, más que de la cultura, después de los ’60, algunas cosas positivas y algunas negativas. Una es que se pone en crisis el enciclopedismo, no es necesario el conocimiento enciclopédico, cosa que no sé hasta qué punto es beneficioso, pero también es cierto que en la escuela primaria la historia ya era una historia revisionista. A mi no me enseñaban un Rosas como era el de la historia oficial. Ahora cuando veo el caso de Felipe Pigna, para los tipos de mi edad, eso ya lo había hecho Pepe María Rosas, lo habían hecho los historiadores revisionistas.

-¿Por qué Pepe Rosas no va a conocer el éxito de Pigna, obedece sólo a una puesta de marketing? ¿Se explica desde aquí?

Si, totalmente. Lo otro es como el profesor hipie que va por ahí. Tiene como más predicamento. No obstante Pigna reconoce la precedencia y la importancia de Pepe María Rosas. En mi casa que era una casa de clase media, no particularmente dedicada a los libros, había libros de Rosas. Ya lo había producido, de alguna manera, al fenómeno. Estaban “El Cóndor Ciego”, “Nos, los representantes”. Creo que fue muy importante para la historia argentina y la literatura, porque Pepe Rosas, además, escribía muy bien. Después de los tipos que hacen la movida, viene los divulgadores, pero no está nada mal que eso ocurra. La vez pasada en un programa de televisión, le hacían un reportaje y decía que cuando era chico vivía en una casa de departamentos frente al Parque Rivadavia y en el mismo edificio vivía Quino. El era chico y dice, que Quino lo miraba como si él fuera Mafalda, por que era un chico con ciertas preocupaciones. (Estornuda, tose) Disculpen la presencia de mis fosas nasales. Mejor contesto las preguntas por mail.

Segunda parte: respuestas por correo electrónico

Lo insustentable y lo misterioso

¿Por qué “La Bestia Equilátera”, cuáles son los principios y/o ideas rectoras que la sustentan? Semejanzas y diferencias dentro del complejo mundo editorial.

La bestia es porque, aunque muy conscientemente meditada, parece un “capricho de Vallcorba” (así dicen los catalanes cuando el proyecto les parece insustentable y misterioso; ya veremos si se equivocan o no). #La bestia se afinca para que Natalia (Meta), Diego (D `Onofrio) y yo, los otros vértices, podamos seguir creyendo que en Buenos Aires se puede seguir traduciendo buenísima literatura extranjera. Y, cada tanto, aportar alguna cosa de acá que nos gusta ( a la que el mundo editorial no le encuentre la vuelta).

-¿En nuestro país, actualmente, qué significa ser editor de libros? Sabemos que existió una tradición editorial nacional que luego se perdió, las editoriales se transnacionalizaron o cerraron, ¿cómo fue ese proceso? ¿Puede hablarse de situaciones actuales favorables?

Se puede decir que “la pérdida del reino que estaba para mí”, y cito de a dos (a Darío y a Pepe Bianco, editor supremo) tuvo en sus gabinetes extraordinarios editores. No voy a nombrarlos ahora porque lo he hecho ya muchas veces, de modo que espero exceptuarme de cualquier atisbo de ingratitud. En primer lugar, con las debidas moderaciones, hay que pensar en aquellos a los que el proyecto bestia más se asemeja: el de Jaime Rest y Luis Tedesco. Muchos escritores argentinos conocimos una porción de la literatura extranjera (Huysmans y Monk Lewis, por ejemplo) en esas ediciones. Otro espíritu afín a quien reverenciamos: Paco Porrúa, que publicó en castellano la mejor Ciencia Ficción y literatura fantástica que se abriera ante sus ojos. La situación es favorable “en apariencia”; pero vamos a aprovechar las apariencias, ya que leímos con pasión a Bradley.

-Las nuevas editoriales, nacen en esta nueva etapa, signadas por las nuevas tecnologías. ¿Cómo imagina, usted, el futuro del arte de editar? ¿Cuál es –si existe- el futuro del libro impreso como lo conocemos o todo será a través de redes Web?

Las redes WEB son una contribución tecnológica importantes para extender “la edición”, claro. Nos mantenemos en el pretérito del libro como primer diseño, pero con los ojos bien abiertos hacia las nuevas profesiones de fe. “Nacemos en el tiempo, pero morimos en el espacio” ¿Quién dijo eso, a quién se lo oí (¿?) repetir? ¿Gombrowicz, Mastronardi?

-¿Puede hablarse de una gramática de la edición? ¿Cómo la imagina, según su experiencia?

Claro que hay una gramática de la edición, pero soy incapaz de imaginarla sin el auxilio de Ofelia Kovaci (lingüista, profesora y académica argentina)

-En una entrevista realizada por “Los Asesinos Tímidos”, preguntan una vez más sobre la supuesta antinomia de “Babélicos” y “Planetarios”. Usted, comenzando la respuesta, dice: “La historia de la literatura es algo que da risa. Sobre todo, cuando no se sabe si ya lo es”. ¿Puede desarrollar esta idea?

Acerca de babélicos y planetarios, creo que lo que contesté alcanza. Quiero decir, valdrá la pena explayarse cuando se convierta en un capítulo o una nota al pie de la historia de la narrativa local. Por ahora no parece una preocupación, en la medida en que se escribe y se publica mucha narrativa acá sin que ese caos de oscuras ideas sin expresión sea reconocido como un chispazo o destello fundacional.

-En 2011 durante su conferencia en FILBA, usted proponía repasar, cómo corrientes literarias fueron asimiladas a partir de las traducciones. A partir de esto puede explicar en qué consiste y cómo funciona el malentendido de la traducción. ¿Este es sólo de orden literario o tiene anclaje en lo social?

La pregunta es excelente, pero excede por completo mi capacidad de argumentación, por lo menos en este formato. #Como admitía Borges, la traducción es tal vez el primer problema que concierne al escritor. Veamos por ejemplo el Quijote, cuyo autor es, de acuerdo con Cervantes, Cide Hamete Benengeli. Mi primera investigación sobre el tema concierne a los libros que La bestia [actualmente] está publicando; mi segunda —pero es algo que comparto con Natalia y Diego---, a los libros que, una vez solicitada y reclamada la traducción, se abren camino sin que uno sepa a ciencia cierta en qué idioma estaba escrito el original. Supongo que a eso se refería Burroughs cuando decía que la literatura no era cuestión verbal. Ahora que mi novela Peripecias del No fue publicada en inglés, con traducción y prólogo de Darren Koolman (The No Variations, Dalkey Archive), tengo un panorama afanoso y suficiente de lo que un proyecto, digamos más modestamente un intento, oblitera, avasalla e implica.

-A partir, de su experiencia anterior en Sudamericana y su actualidad en La Bestia, ¿puede pensar categoría tales como prestigio y poder dentro del ámbito editorial?

El prestigio y el poder son ilusorios, como la filosofía se ha encargado mil veces de demostrar (¡y la narrativa!), pero lo es sobre todo en el mundo editorial, donde a menudo la palabra hiperbólica y equivocada –“mundo”—impone procesiones de requisitos que nadie exige, gracias o por culpa de la inestabilidad que rige en esta ufana presunción de “mundo”. Por lo menos – es como si las citas vinieran a mi encuentro a ciegas--- “como lo encontré”.

-Al momento de editar un libro de su autoría. Qué lugar geográfico elige y qué formato. ¿Busca alternar la edición entre pequeñas y grandes editoras, como, por ejemplo, viene haciéndolo Aira y algunos otros pocos autores?

Ya quisiera poder yo imitarlo. Aunque César ha dado muestras en todas las direcciones de ser inimitable. Desearía publicar en editoriales que dieran muestras de gustar de lo que hago (como Damián Tabarovsky en Interzona cuando publicó Perips). Y antes que él Paula Pico Estrada en Tusquets cuando publicó El carapálida. Nada más.

Las peripecias del no

Luis Chitarroni es fiel representante de un arte en franca extinción, un exquisito conversador. Cuenta Luis que acaba de recibir la edición en inglés de su libro las Peripecias del No. En inglés lo han titulado Variaciones del no. Porque la palabra peripecias se presta a confusiones y no hay traducción literal para la palabra peripecias. Eligen variaciones por que las otras acepciones que podrían ir, remiten a cuestiones filosóficas, tales como el destino. Otra cosa que conspira en la traducción de Las peripecias del No, son la nominación de algunos personajes, tal es el caso de “Falduto”.
- ¿Por qué Falduto?
Dice Chitarroni, quise hacer un juego de palabras a un tipo que es… no recuerdo la expresión…
-¿Un pollerudo?
- Eso, un pollerudo
Risas.

En un momento mira la cámara y se maravilla de la cámara. Dice, es un objeto bello. Pregunta, como dudando, - es bella no? A renglón seguido cuenta que su hijo se ha comprado y, resignado afirma, - naturalmente, la pagué yo. Luego habla de Dolina, de Fontarrosa, cuenta que el célebre Negro rosarino en una oportunidad le canceló un encuentro porque jugaba el cuadro de sus amores y por supuesto no estaba dispuesto a perdérselo. Se ríe evocándolo. Y por último, cuenta en off, que el nombre de la Bestia Equilátera se le ocurrió a propósito de un cuento de un alumno de taller que anunciaba la Bestia pero ésta nunca aparecía. Una suerte de Godot bestial, pensamos y atrapamos ese nombre para nuestra editorial. Somos un poco así, bestiales.

Terminada la entrevista, ya en la planta baja, la voz de Chitarroni da el saludo de despedida y al levantar la vista lo último que se ve es una porción de cabellera que, en una milésima de segundo se detiene en las pupilas, es Chitarroni sin Luis.

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