Dejan al descubierto la verdadera política de DDHH de este gobierno, los dichos de Avruj.

Las declaraciones y el registro que dio a conocer el secretario de DDHH, Claudio Avruj, indican la impotencia de no haber podido poner de rodillas a los organismos y al movimiento de DDHH.

Esto los lleva a mantener una doble hipocresía: decir que están de acuerdo con mantener los Derechos Humanos como una política de Estado y, por otro lado, denigrar la actividad constante de los organismos, que es la lucha permanente de más de cuarenta años sobrellevando entre medio la leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Avruj se hace eco de la solicitud de la ONG “Ciudadanos Libres” sobre la “cantidad” de compañeros desaparecidos pero ignora otras solicitudes: medidas concretas para que los juicios tengan un desarrollo cotidiano (regla de continuidad), cese de actitudes intimidatorias para jueces que no se someten, mantenimiento de la asistencia psico-social a víctimas y testigos, cubrir sin dilaciones las subrogancias, rapidez en la Cámara de Casación para las causas de lesa humanidad, etc. Todo sin respuestas. Lo único que le interesa es la teoría de los dos demonios y el número de compañeros desaparecidos. Aquí se agota su función.

No es un número lo que se discute, pueden ser 30.000 o seguramente más, como tampoco tiene nada que ver lo de los Schoklender. El tema es que a casi un año de la asunción del gobierno de Macri, el movimiento por los Derechos Humanos no ha retrocedido un sólo centímetro en una situación en la cual parte de la dirigencia política y sindical baja la cabeza. El movimiento de los DDHH, todo lo contario. Esto es lo que molesta, como la figura de Cristina Fernández de Kirchner o Milagro Sala, presa política.

Mal que le pese a Avruj y a su gobierno, la política de DDHH está para quedarse y profundizarse en el futuro. No es un regalo. Se fue amasando con miles de rondas en Plaza de Mayo, millones de personas que participan en marchas y concentraciones, un sector de la justicia que dejó de ser servil, más de 600 genocidas condenados, y con la lucha y la sangre de nuestros 30.000 queridos compañeros desaparecidos

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