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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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	<description>CTA-T, central sindical que agrupa a sindicatos y movimientos sociales en defensa de los derechos laborales y populares en Argentina.</description>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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		<title>&#034;Yo no me desafilio&#034;</title>
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		<dc:date>2018-01-19T15:47:23Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marina Yasky</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 Bloque Grande Portada</dc:subject>

		<description>&lt;p&gt;La joven comparti&#243; recuerdos de su infancia, como la cocina de la casa donde creci&#243; y vio nacer al sindicato docente Ctera.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://www.cta.org.ar/-en-los-medios-.html" rel="directory"&gt;En los medios&lt;/a&gt;

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&lt;a href="https://www.cta.org.ar/+-noticia-4-bloque-grande-portada-+.html" rel="tag"&gt;Noticia 4 Bloque Grande Portada&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;En el marco de la avanzada contra los sindicatos iniciada por el Gobierno, y en particular contra los gremios docentes, Marina Yasky, la hija del docente y actual diputado y secretario de la CTA Hugo Yasky, le dedic&#243; una carta a todos los maestros que mantienen la lucha. Lo hizo recordando parte de su infancia como la cocina de la casa donde creci&#243; y vio nacer y crecer tambi&#233;n a la Ctera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;No era una cocina cualquiera porque adem&#225;s de la comida, las sobremesas sin televisor y la poes&#237;a resistiendo en las paredes, ah&#237; se cocinaban tambi&#233;n muchas veces las reuniones del sindicato. Al principio el sindicato eran 5 &#243; 6, en plena dictadura, conspirando en un idioma que para m&#237; era incomprensible. Lo &#250;nico que estaba claro era que hab&#237;a que cocinar a fuego lento. Con los a&#241;os la cocina fue quedando chica, los 5 &#243; 6 pasaron a ser 10 &#243; 12, el n&#250;mero de cocineros iba aumentando y el fuego tambi&#233;n. La poes&#237;a insist&#237;a en las paredes, con el papel amarronado pero el mandato intacto: hab&#237;a que cuidar el fuego como fuera&#8221;, comparti&#243; la joven en su cuenta de Facebook.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;La carta completa:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cocina de nuestra casa cuando &#233;ramos chicos estaba llena de frases que mi vieja pinchaba en las paredes de madera. Eran muchos y todos mezclados: Gelman, Zito Lema, Machado, Hern&#225;ndez, Alejo Carpentier, Violeta Parra, Gonz&#225;lez Tu&#241;&#243;n. Sos chica y no te das cuenta, pero ah&#237; est&#225;n todos esos desconocidos pasando a ser familiares, cont&#225;ndote cosas, amas&#225;ndote una mirada sobre el mundo mientras tomas la leche que no queres tomar, haces los deberes que no queres hacer o le relatas a tu mam&#225; lo m&#225;s destacado del d&#237;a mientras corta las papas reci&#233;n llegada del laburo y la militancia. No era una cocina cualquiera porque adem&#225;s de la comida, las sobremesas sin televisor y la poes&#237;a resistiendo en las paredes, ah&#237; se cocinaban tambi&#233;n muchas veces las reuniones del sindicato. Al principio el sindicato eran 5 &#243; 6, en plena dictadura, conspirando en un idioma que para mi era incomprensible. Lo &#250;nico que estaba claro era que hab&#237;a que cocinar a fuego lento. Con los a&#241;os la cocina fue quedando chica, los 5 &#243; 6 pasaron a ser 10 &#243; 12, el n&#250;mero de cocineros iba aumentando y el fuego tambi&#233;n. La poes&#237;a insist&#237;a en las paredes, con el papel amarronado pero el mandato intacto: hab&#237;a que cuidar el fuego como fuera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos &#250;ltimos d&#237;as me vengo acordando mucho de esa cocina, porque en como casi todas las casas fue el coraz&#243;n de la nuestra y en ese sentido, va a latir siempre conmigo, y porque me quedaron tatuadas en la memoria todas esas frases que al final se convirtieron en br&#250;jula y en metralla. Pero sobre todo, gracias al &#250;ltimo (que ser&#225; siempre el pen&#250;ltimo) intento de apagar el fuego colectivo de Vidal convocando a los docentes a desafiliarse de los sindicatos, se me viene galopante una de Juan Sasturain con la que mi vieja nos explic&#243; la vida: &#8220;Uno no puede jubilarse de lo que ama. Ya sea una mujer que nos hipotec&#243; la adolescencia, un l&#237;der que nos gan&#243; la vida o una camiseta con el color de la victoria. O mejor: nadie puede jubilarse de los sue&#241;os sin enloquecer&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Imposible no agregar una del entra&#241;able Paco en la cocina de los tiempos que (nos) corren: &#8220;Arder&#225; el amor, arder&#225; su memoria hasta que todo sea como lo so&#241;amos.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuerza Suteba. Fuerza Maestrxs. Fuerza Todxs&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
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		<title>Hija de maestros</title>
		<link>https://www.cta.org.ar/hija-de-maestros.html</link>
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		<dc:date>2014-03-26T13:51:25Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marina Yasky</dc:creator>



		<description>
&lt;p&gt;Yo tambi&#233;n me acuerdo del nombre de mi maestra de 1&#186;. Se llamaba Ema y aunque intentaba ponerle onda, no zaf&#243; de que mi madre irrumpiera en el aula el d&#237;a que el Papa llegaba a la Argentina, durante la guerra de Malvinas. Cuando abri&#243; la puerta, la se&#241;orita Ema estaba justo escribiendo en el pizarr&#243;n &#8220;Bienvenida su santidad Juan Pablo II a la Argentina&#8221;. La mir&#243; sorprendida y apenas lleg&#243; a decir &#8220;&#191;Qu&#233; pas&#243; con Marina que hoy no vino?&#8221;. Mi mam&#225; le se&#241;al&#243; el pizarr&#243;n y le respondi&#243;: &#8220;Por esto (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://www.cta.org.ar/-en-los-medios-.html" rel="directory"&gt;En los medios&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Yo tambi&#233;n me acuerdo del nombre de mi maestra de 1&#186;. Se llamaba Ema y aunque intentaba ponerle onda, no zaf&#243; de que mi madre irrumpiera en el aula el d&#237;a que el Papa llegaba a la Argentina, durante la guerra de Malvinas. Cuando abri&#243; la puerta, la se&#241;orita Ema estaba justo escribiendo en el pizarr&#243;n &#8220;Bienvenida su santidad Juan Pablo II a la Argentina&#8221;. La mir&#243; sorprendida y apenas lleg&#243; a decir &#8220;&#191;Qu&#233; pas&#243; con Marina que hoy no vino?&#8221;. Mi mam&#225; le se&#241;al&#243; el pizarr&#243;n y le respondi&#243;: &#8220;Por esto no vino&#8221;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;De mi maestra de 2&#186; tambi&#233;n me acuerdo. Se llamaba Graciela y &#233;sa s&#237; que se llevaba bien con mi mam&#225;, hablaban el mismo idioma, de maestra a maestra. La de 3&#186; se llamaba Alba, era un sargento de caballer&#237;a con coraz&#243;n de gelatina. Norma fue la de 4&#186;, una pelirroja buenaza pero sosa. La de 5&#186; fue Liliana, una suplente que tuvimos todo el a&#241;o. Ten&#237;a la hermosa costumbre de dibujarnos flores y caritas en los m&#225;rgenes del cuaderno. Cada vez que aparec&#237;a una sonrisa de ella en mi cuaderno Rivadavia, el mundo era un lugar muy bello. En 6&#186; tuvimos a Magal&#237;, de peinado anticuado y tacones robustos, suave pero firme. Ella me &#8220;cur&#243;&#8221; las faltas de ortograf&#237;a. Nunca me acuerdo bien cu&#225;l fue su m&#233;todo, pero me volvi&#243; una obsesiva y muchas veces cuando corrijo una falta o la detecto veo su cara. Las de 7&#186; fueron dos, Cristina y Margarita, y &#233;sas s&#237; que eran dos aut&#233;nticas yeguas. Cristina se pintaba como una puerta y Margarita levantaba una ceja cuando te miraba con desprecio. Juntas nos boicotearon todas las actividades con las que intent&#225;bamos juntar fondos para el viaje de egresados, nos amenazaban a diario con lo cruel que ser&#237;a la secundaria, cuando no el mundo entero, y cre&#237;an que s&#243;lo se pod&#237;a aprender en un impoluto silencio. Yo creo que en realidad nunca nos quisieron, no s&#233; cu&#225;l era la fibra que les tocaba ponerse un guardapolvo blanco cada ma&#241;ana, pero ten&#237;an cero empat&#237;a con nosotros. Con ellas padec&#237; la Marcha Blanca, el nombre de mi viejo empezaba a aparecer por primera vez en los diarios y semejante apellido no era f&#225;cil de camuflar ni de librar de las asociaciones, que siempre procuraban hacer delante de mis compa&#241;eros. Por supuesto que carnereaban todos los paros y miraban con desprecio el sindicalismo en general, el docente en particular. Con Margarita viv&#237; un hecho que nunca m&#225;s olvid&#233;. Casi a fin de a&#241;o, durante una clase de matem&#225;ticas. Siempre fui dura para los n&#250;meros y nunca entend&#237;a un pomo de lo que explicaba. Mi mam&#225; me hab&#237;a insistido durante todo el a&#241;o con que ten&#237;a que levantar la mano para que me lo explicara de nuevo. Esa clase tom&#233; valor y la tercera vez que la se&#241;orita Margarita enunci&#243; &#8220;si alguien no entendi&#243;, levante la mano, estoy ac&#225; para repetirlo las veces que haga falta&#8221;, yo levant&#233; la mano y confes&#233; que no entend&#237;a. Me mir&#243; con su ceja raqu&#237;tica levantada y en un tono casi amable me dijo: &#8220;Decile a tu pap&#225; que te lo explique&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esas fueron mis maestras en una escuela p&#250;blica de Parque Patricios, casi Pompeya. La alusi&#243;n a la se&#241;orita Coca en el discurso de la Presidenta durante la apertura de la Asamblea Legislativa me hizo repasar la lista, desafiar la memoria y comprobar que me he olvidado muchas caras y muchos nombres, pero las caras y los nombres de todas ellas quedaron grabados a fuego, igual que la textura del acr&#237;lico de los bancos y lo encerados que estaban los pisos, tanto que jug&#225;bamos a patinar en los recreos. Mis padres son docentes y sindicalistas, mi mam&#225; era maestra jardinera en un jard&#237;n de Haedo en el que sol&#237;a pegarme serios emboles cuando me llevaba con ella, y mi pap&#225; era maestro en una escuela de Villa Fiorito en la que me sent&#237;a muy libre cuando me tocaba ir con &#233;l. Acostumbrada a la rigidez, casi pacater&#237;a, de una escuela de capital de los '80, no pod&#237;a creer ver a mi viejo dar clases con el guardapolvo abierto y menos a&#250;n el trato de igual a igual con sus alumnos, hasta cuando los cagaba a pedos parec&#237;a no haber distancia entre ellos, les mov&#237;a el dedo &#237;ndice con el mismo frenes&#237; que a m&#237; y a mi hermano. En esa misma escuela tuvo un alumno, Churrasco le dec&#237;an, que cuando no le gustaba algo se paraba al lado del banco y se desnudaba. Me acuerdo de que llegara a casa y dijera: &#8220;Hoy Churrasco se puso de vuelta en pelotas&#8221;. Para m&#237; resultaba casi fascinante verlos en acci&#243;n, en esos momentos dejaban de ser mis padres, aquellos a los que yo estaba acostumbrada, y pasaban a ser la se&#241;o y el maestro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos &#250;ltimos d&#237;as he ido de la n&#225;usea a la tristeza casi sin escalas, los proyectiles verbales con los que escuch&#233; atacar a los maestros no tienen capacidad de ser metabolizados por mucho que lo intente. Algunas definiciones han sido sencillamente canallas. Los medios de comunicaci&#243;n, de manera transversal porque no han sido s&#243;lo los del archienemigo, han reproducido una tras otra las postales m&#225;s mediocres que uno pueda llegar a imaginar; la demonizaci&#243;n de los docentes, la victimizaci&#243;n de los chicos, esos chicos y esos docentes sobre los que nunca m&#225;s vuelven a hablar durante todo el a&#241;o excepto los meses de marzo, cuando afiebradas cr&#243;nicas y opiniones intentan trazar una l&#237;nea divisoria entre el maestro y el pibe que en la vida real no existe. Entre los clich&#233;s de cada a&#241;o invariablemente reverdece el hit del apostolado, insisten en machacar con la teor&#237;a de la vocaci&#243;n, invisibilizando la condici&#243;n de trabajadores de los docentes. Esa &#8220;t&#8221; de trabajadores, que cost&#243; mucha vida y mucha sangre, en medio segundo es licuada por el aparato medi&#225;tico y deglutida en opiniones de todo tipo de esp&#233;cimen, desde la opin&#243;loga con silicona en los labios hasta el periodista ultra K que acusa a la dirigencia sindical de utilizar el paro para coquetear con Massa. Desde el conductor piola y canchero hasta el mercenario al servicio de la opereta pol&#237;tica, todos confluyen en el mismo slogan: &#8220;Vuelvan a las aulas&#8221;. De pronto, programas donde se les da muy bien hablar de culos y tetas, de la confesi&#243;n cocain&#243;mana de una vedette olvidada o de los 20 kilos que adelgaz&#243; Susana Gim&#233;nez, se vuelven especialistas en educaci&#243;n y proponen una gran ensalada donde segura y lamentablemente muchos de los que est&#225;n del otro lado quedar&#225;n confundidos. Hoy ve&#237;a a una conductora remilgada de un noticiero, de esos abiertos las 24 horas como si fueran kioscos, hablar de los chicos de los sectores populares tan perjudicados por la medida de fuerza. La imaginaba visitando alguna de esas escuelas. Creo que es m&#225;s f&#225;cil imaginar a mi perro maullando como si fuera un gato. Dudo de que ponga siquiera el dedo gordo del pie en una calle de barro, dudo tambi&#233;n de que sepa que fue y es la escuela la que sostuvo y sostiene a esos pibes que una vez al a&#241;o tanto la consternan y preocupan. Se quedaron con la vieja imagen de la escuela, casi oxidada, de la se&#241;orita Coca o de mis maestras de la primaria. Ya en ese entonces, yo ve&#237;a a mi viejo en una escuela de La Quema y sab&#237;a, mejor dicho sent&#237;a, que la escuela era mucho m&#225;s que la escuela cuando la vida no es entre algodones. A esos pibes, los de hace 30 a&#241;os, apenas a la vuelta de la esquina de la dictadura, y a los de hoy, con los genocidas juzgados y el cuadro de Videla descolgado, el maestro &#8211;incluso el m&#225;s conchudo o el m&#225;s chanta&#8211; les cambiaron la vida o se la est&#225;n cambiando. Nada ocurre porque s&#237;, ning&#250;n hecho hist&#243;rico es un eslab&#243;n aislado de la cadena. Algo tuvieron que ver los maestros que le&#237;an a escondidas Un elefante ocupa mucho espacio durante la dictadura o los volantes que algunas dirigentes del gremio que a&#241;os despu&#233;s ser&#237;a el Suteba escond&#237;an en sus panzas de embarazadas. Algo tuvo que ver la invertebrada Marcha Blanca que tanto me abochornaba en 7&#186; y que tanto m&#225;s me pic&#243; en el coraz&#243;n a&#241;os despu&#233;s. Algo tuvieron que ver los cientos de maestros que se cargaron la escuela p&#250;blica a la mochila para llegar desde todos los rincones del pa&#237;s a ayunar en una Carpa Blanca frente al Congreso nacional, que dur&#243; 1003 d&#237;as. Algo tuvieron que ver tambi&#233;n los maestros que el 19 y 20 de diciembre estaban igual en las escuelas para que los pibes que s&#243;lo com&#237;an en el comedor escolar pudieran hacerlo en el medio de los saqueos y el coro de las cacerolas. Algo tuvo que ver Isauro Arancibia, maestro y dirigente sindical, primer asesinado por la dictadura c&#237;vico-militar, ferviente militante de la &#8220;t&#8221; de los trabajadores. A Isauro le robaron su par de zapatos reci&#233;n estrenados despu&#233;s de acribillarlo, Eduardo Rosenzvaig escribi&#243; en su libro sobre &#233;l, La oruga sobre el pizarr&#243;n, que no es justo que un maestro ande descalzo por el cielo. Y &#233;stos son d&#237;as en los que pienso que si de alg&#250;n modo Isauro est&#225; pudiendo ver a los suyos, estar&#225; muy contento de haber dejado sus zapatos en la tierra. Y de que se hayan multiplicado tanto. Y algo tendr&#225;n que ver, en definitiva, los maestros de cada uno en que alguna vez nos hayamos sentido especiales o nos hayamos vuelto m&#225;s insolentes frente a lo que nos parec&#237;a injusto. Las flores dibujadas en el margen de mis deberes por la se&#241;orita Liliana me siguen haciendo cosquillas en el recuerdo. En 7&#186; aprend&#237; a volverme insolente y a nunca m&#225;s dejar humillarme por las se&#241;oritas Margarita del mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas historias que no tienen tinta en los diarios ni las descubre uno haciendo zapping, ni le quitan el sue&#241;o a los oportunistas de siempre, en los medios, en los gobiernos y en la oposici&#243;n, ni al medio pelo bobalic&#243;n que sigue creyendo que la escuela es una especie de dep&#243;sito humano o de lugar de disciplinamiento social, son las que arropan una lucha por la educaci&#243;n p&#250;blica que es hist&#243;rica, que no empez&#243; en marzo de este a&#241;o ni en el del a&#241;o pasado, y que no va a terminar cuando los docentes vuelvan a las aulas, como tantos reclaman, imploran o extorsionan. Que la escuela siga siendo p&#250;blica y gratuita en un pa&#237;s donde no hace tantos a&#241;os se descuartizaba el Estado es la peque&#241;a gran victoria de que los maestros dejaran de vestirse de ap&#243;stoles y se asumieran como trabajadores, porque los ap&#243;stoles no pelean por sus derechos, no saben leer recibos de sueldos para darse cuenta de si la patronal los est&#225; cagando, ni hacen cuentas para llegar a fin de mes ni alzan la voz por el derecho de sus pibes a aprender en condiciones dignas. Y es tambi&#233;n la peque&#241;a gran victoria de los Churrasco que se siguen desnudando frente a la injusticia. Nadie pide un monumento, siquiera una tarjeta de felicitaci&#243;n, pero s&#237; un poco m&#225;s de respeto y de memoria. Y, sobre todo, de conocimiento de causa. La educaci&#243;n es un tema lo suficientemente sensible y complejo como para que se le pase el plumero una vez al a&#241;o. Dicho esto, una modesta cara sonriente en el margen del cuaderno de los maestros que hoy siguieron escribiendo la historia. Y mis gracias totales, siempre.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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