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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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	<description>CTA-T, central sindical que agrupa a sindicatos y movimientos sociales en defensa de los derechos laborales y populares en Argentina.</description>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina CTA-T</title>
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		<title>Moscas</title>
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		<dc:creator>Sandra Russo</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 Bloque Grande Portada</dc:subject>

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&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12 &lt;br class='autobr' /&gt;
Hay un escrito breve de Marguerite Duras, bastante conocido, que en los &#250;ltimos a&#241;os le&#237; muchas veces, pero que reci&#233;n ahora se me abri&#243;. Pasan esas cosas con la lectura y la escritura. Hay gente capaz de sumar en lo que escribe capas y capas de sentido que se superponen coreogr&#225;ficamente, sin que una pizca de una capa contradiga ni desdiga a las otras. Hablo en este caso de &#8220;La muerte de una mosca com&#250;n&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt; En ese texto, Duras evoca el recuerdo de algo vivido (&#8230;)&lt;/p&gt;


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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay un escrito breve de Marguerite Duras, bastante conocido, que en los &#250;ltimos a&#241;os le&#237; muchas veces, pero que reci&#233;n ahora se me abri&#243;. Pasan esas cosas con la lectura y la escritura. Hay gente capaz de sumar en lo que escribe capas y capas de sentido que se superponen coreogr&#225;ficamente, sin que una pizca de una capa contradiga ni desdiga a las otras. Hablo en este caso de &#8220;La muerte de una mosca com&#250;n&#8221;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;En ese texto, Duras evoca el recuerdo de algo vivido intensamente, pero que nunca hab&#237;a estado en primer plano: muchos a&#241;os atr&#225;s, en su estudio de campo, esperando a una directora de cine, se qued&#243; mirando la muerte de una mosca. Advirti&#243; en el silencio roto que el zumbido proven&#237;a de la ventana, donde la mosca hab&#237;a quedado atrapada entre el vidrio y una pared. Agonizaba. La escritora cuenta que se sent&#243; en el piso de esa despensa convertida en estudio para observar con toda su atenci&#243;n los &#250;ltimos momentos de la vida de una mosca com&#250;n, esa &#8220;reina, negra y azul&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Describe c&#243;mo la vida la iba abandonando y c&#243;mo la mosca la aceptaba. Con mansedumbre. Y sin embargo, despu&#233;s de quince minutos de movimientos leves y agitaciones milim&#233;tricas, cuando por fin ella crey&#243; que la mosca hab&#237;a muerto, la vio emerger de su quietud y regresar a la vida, intentar aletear, recomponerse, y vio c&#243;mo luego s&#237; la muerte entr&#243; del todo en ella y la invadi&#243;, y la mosca qued&#243; inerte, inm&#243;vil, presente todav&#237;a pero ausente en el estado de la vida. Duras dice que en ese instante mir&#243; el reloj: eran las tres y veinte de la tarde. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Posiblemente sea esa reina negra y azul la &#250;nica mosca del mundo de la que se conoce la hora exacta de su muerte. Como otros insectos o animales de rango inferior, sus nacimientos y sus muertes nos pasan completamente inadvertidas. Es &#233;se el tema dominante en el texto, pero hoy asom&#243; por primera vez la idea de aquellos que son asesinados como moscas. Reci&#233;n hoy la mosca fue la extraordinaria excusa que us&#243; Duras para deslizar, en un p&#225;rrafo casi aislado del texto, lo que pens&#243; esa tarde, viendo a la mosca muerta: &#8220;Pens&#233; en los jud&#237;os. Odi&#233; a Alemania como durante los primeros d&#237;as de la guerra, con todo mi cuerpo, con todas mis fuerzas&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dice que aquella tarde se sinti&#243; un poco loca, pero que lo acept&#243;. &#8220;Est&#225; bien que el escribir lleve a esto, a aquella mosca ag&#243;nica, quiero decir: escribir el espanto de escribir. La hora exacta de la muerte, consignada, la hac&#237;a ya inaccesible. Le daba una importancia de orden general, digamos un lugar concreto en el mapa general de la vida sobre la tierra&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Imagino a esa mujer sentada sola en el piso de su estudio en el campo mirando atentamente la agon&#237;a de la mosca, y me estremecen los pensamientos que llenaron su mente. No era un estado intelectual. Era un trance sensible que le revivi&#243; el odio por aquellos que hab&#237;an arrancado vidas por millones o por goteo. Ella misma sigue murmurando en el texto, y llega a hablar &#8220;de todas las guerras de la Tierra&#8221;. Todas las vidas de moscas cegadas por intereses que nadie confiesa ni sabe, por las que nadie paga, las que no salen en los diarios, las que se olvidan, las que se disfrazan, las que abandonan cuerpos que luego aparecen sin ellas, sin sus vidas, sin sus propias vidas, de las que son due&#241;os. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Haber fechado, registrado el horario de la muerte de una mosca com&#250;n fue un homenaje a todos los NN de la historia. A todos los ni&#241;os, mujeres, hombres, ancianos, j&#243;venes que cada d&#237;a y desde siempre son acribillados cuando nadie mira y a sabiendas de que nadie preguntar&#225;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podemos estar satisfechos, cuando hay indicios de que somos un pueblo confundido, cuando hay evidentes signos de degradaci&#243;n moral en este pa&#237;s, de haber convenido entre millones que Santiago Maldonado no iba a ser una mosca que alguien mat&#243; porque le molestaba. Hemos convidado al mundo a que reclame, y la pregunta &#8220;d&#243;nde est&#225; Santiago Maldonado&#8221; no se cierra con el hallazgo electoralmente oportuno de su cuerpo, porque Sergio Maldonado nos expres&#243; a muchos mejor de lo que somos cuando se constituy&#243; en guardi&#225;n de su hermano. Fue el guardi&#225;n del cuerpo muerto del que presum&#237;a entonces su hermano, porque no conf&#237;a en nadie. Los millones que han gritado la pregunta y que ahora rechazan los incesantes inventos sobre la causa y los aviesos ataques a Sergio Maldonado, no podemos creer que este odio se extienda con la campa&#241;a en redes para boicotear su negocio familiar de t&#233;s especiados. Esa sa&#241;a. Esa baba de fascinaci&#243;n por el horror es inconcebible&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el bloque de pa&#237;ses al que Macri nos acerca, como M&#233;xico o Colombia, la vida de millones de personas vale tanto como la de una mosca. Asesinan a l&#237;deres populares, a periodistas opositores, a docentes, a sindicalistas. No los mandan a la luna ni a la c&#225;rcel: los interceptan de noche y los acuchillan o los ametrallan, y dejan sus cuerpos a la vista para que nadie se atreva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Reci&#233;n hoy entend&#237; que la mosca com&#250;n de Marguerite Duras podemos ser cualquiera de los comunes y corrientes, por un lado; y por el otro, pese a esta reacci&#243;n demente de racismo y de odio,que en la Argentina todav&#237;a somos millones los que no estamos dispuestos a que un ser humano sea transformado en mosca porque al poder se le antoje. Esto no es electoral, nunca lo fue. El esc&#225;ndalo por una vida interrumpida por fuerzas del Estado sale de un lugar anterior a la pol&#237;tica, as&#237; como el odio que se sigue esparciendo desde arriba, incesante, tambi&#233;n es anterior a la pol&#237;tica. Lo que llamamos cultura no es un compendio de costumbres ni una paleta de colores. No es algo descriptivo sino encarnado. Y una vez m&#225;s, nuestra m&#225;s fuerte fricci&#243;n pasa por la cultura de la muerte intentando perforar y diluir la cultura de la vida, y la cultura de la vida resistiendo con sus u&#241;as y dientes.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El tiempo presente</title>
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		<dc:date>2017-07-08T19:53:14Z</dc:date>
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		<dc:creator>Sandra Russo</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 Bloque Grande Portada</dc:subject>

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&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12 &lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;El recuerdo no es la negaci&#243;n del olvido. El recuerdo es una forma de olvido&#8221;, dice Milan Kundera en su libro Los testamentos traicionados. Lo afirma al analizar un cuento de Hemingway, Colinas como elefantes blancos, quiz&#225; uno de los m&#225;s rele&#237;dos, que consta de cinco p&#225;ginas casi de puro di&#225;logo. Kundera analiza qu&#233; hace Hemingway en ese cuento con el di&#225;logo, c&#243;mo logra construir, con frases extremadamente cortas y en su mayor&#237;a inocuas (&#8220;Se est&#225; bien aqu&#237;&#8221;, &#8220;&#191;Te (&#8230;)&lt;/p&gt;


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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;El recuerdo no es la negaci&#243;n del olvido. El recuerdo es una forma de olvido&#8221;, dice Milan Kundera en su libro Los testamentos traicionados. Lo afirma al analizar un cuento de Hemingway, Colinas como elefantes blancos, quiz&#225; uno de los m&#225;s rele&#237;dos, que consta de cinco p&#225;ginas casi de puro di&#225;logo. Kundera analiza qu&#233; hace Hemingway en ese cuento con el di&#225;logo, c&#243;mo logra construir, con frases extremadamente cortas y en su mayor&#237;a inocuas (&#8220;Se est&#225; bien aqu&#237;&#8221;, &#8220;&#191;Te tomar&#237;as otra cerveza?&#8221;, &#8220;Lo importante es que te sientas bien&#8221;) una situaci&#243;n de mucha tensi&#243;n y v&#233;rtigo entre dos personajes, &#8220;el norteamericano&#8221; y &#8220;la chica&#8221;. El cuento es famoso por tener un tema central, la decisi&#243;n de un aborto, que nunca en las cinco p&#225;ginas se menciona sino elusivamente, y que cuando lo hace parece un tajo inevitable que produce la tensi&#243;n entre &#233;l y ella, pero que r&#225;pidamente es hundido por los dos en la ligereza de la larga conversaci&#243;n deshilachada, mientras esperan la llegada del tren que los llevar&#225; de Barcelona a Madrid en 1940.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Kundera advierte que en ese cuento hay menos indicaciones en el di&#225;logo de los que tendr&#237;a una obra de teatro. El hombre y la chica, que reci&#233;n tendr&#225; nombre, Jig, cuando aparezca la primera alusi&#243;n a &#8220;la operaci&#243;n sencilla&#8221; que tiene por delante, miran las colinas que rodean a la estaci&#243;n, blancas y sombreadas, que a ella de pronto le parecen elefantes blancos. El no muestra ning&#250;n entusiasmo ante esa comparaci&#243;n un poco po&#233;tica y forzada. Ella quiere que &#233;l se entusiasme, aunque no se sabe con qu&#233;, si con su met&#225;fora sobre las colinas como elefantes, o si simplemente con ella, quiz&#225; sea s&#243;lo con ella embarazada. Hay un permanente tono de reproche en su voz, pero velado. Toman cerveza tras cerveza, prueban An&#237;s del Toro, nunca pelean pero mantienen un duelo oculto en sus palabras que siempre se refieren a otra cosa. Y ese duelo vale doble: el lector puede verlos a ambos como duelistas empu&#241;ando palabras de circunstancia que esconden lo que realmente quieren decirse o ya se han dicho tantas veces que no quieren volver a pronunciarlas. Y hay otro duelo ah&#237; escondido, que ella expresa en un suspiro, mirando el paisaje y lament&#225;ndose ya un poco ebria: &#8220;Podr&#237;amos tenerlo todo, y lo hacemos tan dif&#237;cil&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kundera dice que Hemingway intent&#243;, en ese cuento, la reconstrucci&#243;n del di&#225;logo en tiempo presente, que es en realidad lo definitorio de nuestras vidas, &#8220;lo que va siendo d&#237;a tras d&#237;a&#8221;, y de lo que sin embargo no tenemos registro porque &#8220;nos hemos resignado a la p&#233;rdida de lo concreto del tiempo presente&#8221;. Mantenemos un di&#225;logo con alguien y llegamos a casa y se lo contamos a quien nos espera: ya hemos perdido el di&#225;logo real que mantuvimos; se ha perdido como fen&#243;meno ac&#250;stico y visual; en el relato sobre ese di&#225;logo, aparecen ya sus retazos, sus frases subrayadas, su edici&#243;n. Por eso el recuerdo no es la negaci&#243;n del olvido sino una de sus formas: &#8220;El presente, lo concreto del presente como fen&#243;meno que ha de examinarse, como estructura, es para nosotros un planeta desconocido; no sabemos ni retenerlo en nuestra memoria ni reconstruirlo mediante la imaginaci&#243;n. Nos morimos sin saber lo que hemos vivido&#8221;, dice Kundera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay, en el n&#250;cleo fundante de nuestra cultura de masas, o mejor dicho en la transici&#243;n entre el fen&#243;meno cultural-industrial, como es el cine, hacia su destino preferencial en el seno de la cultura de masas, otra pieza que ha suscitado reflexiones por su inscripci&#243;n en el tiempo presente. Se trata de Tiempos Modernos, de Chaplin. En su comentario sobre las cr&#237;ticas por izquierda que recibi&#243; Chaplin por esa pel&#237;cula, Roland Barthes se dirige a un hecho puntual que es el que desat&#243; muchas descalificaciones en la &#233;poca de su estreno: Chaplin no hab&#237;a elegido que Carlitos fuera un proletario, sino sencillamente un obrero, un hombre explotado. Usa de ese modo el tiempo presente: detiene la conciencia de clase de Carlitos en el presente en el que es observado; carece de ella; tiene miedo de las huelgas; desconf&#237;a de la organizaci&#243;n sindical; se arrastra ante sus superiores; sue&#241;a con alimentos gigantes; lleva su disciplinamiento hasta la humillaci&#243;n por el miedo a perder el trabajo. &#8220;A&#250;n es incapaz de acceder al conocimiento de las causas pol&#237;ticas (de su pobreza) y a la exigencia de una estrategia colectiva&#8221;, dice Barthes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En su comentario, incluido en las Mitolog&#237;as, el semi&#243;logo franc&#233;s afirma precisamente que el gran hallazgo de Chaplin fue mostrar a un simple obrero, hist&#243;ricamente al de la restauraci&#243;n y la explosi&#243;n industrial, en el tiempo presente en el que fue enfocado. Carlitos no ve que lo maltratan. No ve que lo reducen ni que lo hacen miserable. Hay un sistema de producci&#243;n en serie que lo aliena y lo hambrea, pero &#233;l no lo ve. Y dice Barthes que eso le permite a Chaplin jugar con el efecto del teatro de marionetas, cuando el p&#250;blico tiene acceso visual al malo que acecha al protagonista y que el protagonista no ve. &#8220;Ver que alguien no ve, es la mejor manera de ver intensamente lo que &#233;l no ve&#8221;, afirma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;A qu&#233; vienen estas sutilezas de diferentes modos de uso del tiempo presente? En principio, a indicar que eso que tiene de esquiva la conciencia del presente, contribuye a que sea reemplazada casi siempre o por ediciones del pasado o por imaginer&#237;as sobre el futuro. Ese mecanismo, que vivimos en lo profundo de nuestras psiquis, emerge como una especie de embriaguez en nuestra comprensi&#243;n de la realidad. Y viene a cuento de que en eso, en la esfera del mundo p&#250;blico contempor&#225;neo, ponen la mira los grandes dispositivos de desinformaci&#243;n y manipulaci&#243;n de subjetividades. La degradaci&#243;n del lenguaje, los modos tramposos de comunicaci&#243;n, las operaciones judiciales y pol&#237;ticas vendidas con fachada period&#237;stica, la repetici&#243;n a destajo de frases hechas y envenenadas en las redes a cargo de gente paga, la abrumadora catarata de palabras de alto rango que en concreto no significan nada (libertad, rep&#250;blica, cambio, juntos, democracia, esfuerzo, rumbo, horizonte, etc.), nos mantienen como rehenes semiol&#243;gicos en una jungla verbal enga&#241;osa cuyo cl&#237;max es el slogan de Mar&#237;a Eugenia Vidal: &#8220;Confi&#225;, que esta vez es en serio&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La campa&#241;a, que es la &#233;poca de promesas por excelencia, encuentra al oficialismo necesitado de exhibiciones de fuerza, que es lo &#250;nico exhibible dado el desastre econ&#243;mico, la falta de garant&#237;as constitucionales y la ruptura de contratos sociales, que van desde haber mentido sin parar, hasta producir escenas de represi&#243;n para lograr &#8220;car&#225;cter electoral&#8221;. Pero incluso prometiendo ahora un pa&#237;s sin piqueteros ni juicios laborales ni calles cortadas, Cambiemos propone algo que es incapaz de cumplir, tanto como la pobreza cero y tanto como que nadie iba a perder nada de lo que ten&#237;a. Esas promesas de la derecha, esos mundos felices sin pobres que ensucien las postales ni extranjeros que ocupen los puestos de trabajo que no existen, pertenecen a la imaginer&#237;a que no se hace realidad en ning&#250;n pa&#237;s del mundo. Lo ver&#237;amos si los medios no fueran una corporaci&#243;n m&#225;s entre otras. Hay resistencia en todas partes. Hay revulsi&#243;n y represi&#243;n y avasallamiento. Y hay reorganizaci&#243;n y reintento. Y siempre ser&#225; as&#237;, porque las vidas reales de las personas comunes y corrientes transcurren en ese tiempo presente que, aunque nos es esquivo, aunque no podamos retener sus palabras ni replicar con exactitud sus sucesos, contiene nada menos que la &#250;nica verdad.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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