“No dejaron sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno”

El 27 de febrero se cumplen 41 años del golpe policial que destituyó a Obregón Cano y a Atilio López de la gobernación cordobesa, como parte de una ofensiva desplegada contra los gobernadores y los gobiernos provinciales elegidos por el voto popular el 11 de marzo de 1973.

Obregón Cano- Atilio López, el 27 de febrero de 1974; el 6 de junio, Alberto Martínez Baca en Mendoza; el 7 de octubre, Jorge Cepernic en Santa Cruz; el 23 de noviembre, Miguel Ragone en Salta.

Le antecedió al Navarrazo, cinco semanas antes, el 24 de enero de 1974, la destitución de José Bidegain, gobernador de la provincia de Buenos Aires, producido 48 horas después de la toma por el ERP del cuartel de Azul, la misma ciudad de la que era oriundo el gobernador y médico cirujano Bidegain. El gobernador fue acusado de “indulgente” respecto a este acontecimiento militar. Anteriormente, a fines de 1973 la provincia de Formosa, gobernada por el maestro Antenor Gauna, que triunfó con el 70 % en las elecciones de marzo del 73, fue intervenida por un conflicto ocasionado por la expropiación de grandes latifundios y políticas sociales que afectaban el poder de turno.

La mecánica y los pasos para sacarse de encima los gobiernos más identificados con el universo amplio de la Juventud Peronista, el camporismo, y el peronismo sindical combativo, fue diversa tanto en la forma como en el contenido.

La destitución del gobierno cordobés, tuvo como ariete un golpe policial encabezado por el jefe de la policía provincial coronel (RE) Domingo Navarro. El hilo conductor de este golpe nos lleva a las presiones que la ortodoxia sindical y el ministro de Trabajo, Ricardo Otero ejercían en ese momento sobre la CGT de Córdoba.

La cuestión sindical

En el caso cordobés fue donde más apareció expuesto el conflicto sindical. Era inaguantable e imposible, que las 62 organizaciones nacionales permitieran la existencia de la CGT de Córdoba, cuya composición y unidad de todos los sectores gremiales no era reciente; era una estructura histórica con amplia autoridad en la población cordobesa compuesta por un sector mayoritario de gremios peronistas, los “legalistas”, tanto en cantidad de sindicatos y como de afiliados, los gremios independientes, con Tosco a la cabeza y los clasistas de Salamanca que habían triunfado en las elecciones del Smata, en abril de 1972.

Era la CGT preexistente, la que había hecho el Cordobazo, también con Elpidio Torres en el Smata y tenía entre sus antecedentes los programas de La Falda y Huerta Grande, y antes la Resistencia de la cual el vicegobernador de la provincia Atilio López había sido un activo protagonista. Era también la CGT en la que el vandorismo no pudo hacer pie.

Entre los múltiples factores que intervinieron en el golpe policial de Navarro, inclusive la decisión nacional de hacerlo, queremos hacer notar algunos puntos desde el ámbito sindical:

La negación de Atilio López, aun ante Perón, de resignar la alianza con los independientes y clasistas para relanzar una CGT amañada bajó la égida de Otero y del Ministerio de Trabajo.

Ocurren también dos hechos que fueron presentados como una violación al Pacto Social por los golpistas y la ortodoxia sindical y en defensa del gobierno de Perón. Uno, la reforma al Estatuto de los Empleados Públicos de la Provincia de Córdoba, propuesta por el SEP (Sindicato de Empleados Públicos) que incorporaba importantes beneficios a los trabajadores del Estado provincial. Y otro, quizás el que tuvo mayor relevancia en el desgaste al gobierno provincial, fue el lock out patronal constante, intermitente y fragmentario de la FETAP, la cámara empresarial de los dueños de los colectivos apoyados por la CAETAP (la central nacional) que se negaban a aplicar los aumentos a los choferes de ómnibus sin aumentar el boleto. Sin embargo la violación al Pacto Social no fue considerada ilegal por esos días cuando los ganaderos de la provincia se resistieron a aplicar los precios máximos establecidos y no enviaron los animales para el consumo, este lock out de los ganaderos provocó a su vez las protestas de los carniceros y población.

También la Iglesia Católica blandió sus armas contra el gobierno de Obregón Cano; bajo la égida del cardenal Primatesta quien se pronunció furiosamente contra el Estatuto del Docente Privado sancionado por la Legislatura a propuesta del SEPPAC (Sindicato de Docentes Privados), que equiparaba salarialmente con los educadores de la provincia de Córdoba y le daba además a los docentes de las escuelas religiosas estabilidad laboral y carrera docente.

El jueves 28, al día siguiente del golpe policial, la CGT de Córdoba llama a un paro de 24 horas. y a una concentración en Plaza Vélez Sársfield. El paro fue masivo, 100 % en los grandes conglomerados industriales. La concentración con presencia de activistas no pudo realizarse plenamente con López preso, Tosco y Salamanca, escondidos. Al día siguiente, en la localidad de Alta Gracia, con la presencia del ministro de Trabajo, Ricardo Otero, se realiza un plenario de los gremios peronistas ortodoxos de la CGT que eligen una nueva conducción de dirigentes intrascendentes, irrepresentativos y desconocidos para las bases trabajadoras.

El nuevo delegado en la provincia designado por el Poder Ejecutivo Nacional, Duilio Brunello, preparó el terreno para que cinco meses más tarde, el que fuera cabeza de las 3 A cordobesas, Brigadier Lacabanne, fuera nombrado por Isabel Perón Interventor en la Provincia.

Repudiamos nuevamente el golpe policial del jefe de Policía, Navarro, contra la fórmula ganadora de las elecciones de 1973 y rendimos homenaje al gobierno de Obregón Cano y Atilio López porque como dijo Néstor Kirchner: no dejaron sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno

* Carlos Monestés
Secretario de DDHH de la CTA Ciudad de Buenos Aires

Portada del sitio || Enfoque || 41 años del Navarrazo