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Portada del sitio || La Central || Intervención del compañero Axel Kicillof en el acto organizado por la CTA

Muchísimas gracias. Gracias a todos, particularmente a quien me acompaña en el panel, el compañero Hugo Yasky, recuerdo que en una situación de las tantas en las que nos hemos visto hace muchos meses, me dijo, bueno, nosotros estamos trabajando con algunos compañeros en la organización de una reunión, un congreso, para recordar una fecha tan importante, yo diría una fecha esencial, que ha entrado indudablemente en nuestra historia, efemérides, nuestras recordaciones de los puntos más altos de la lucha popular como son los 10 años de aquella reunión que ocurrió acá en nuestro país, en Mar del Plata.

Creo que como tantas otras cosas que han ocurrido durante estos 12 años, requiere un poco más de perspectiva histórica, un poco menos de calor cotidiano. El trabajo de ponerlas en su debido lugar, en términos de su importancia.
Con respecto a la anécdota. Hugo me dijo que el acto era para noviembre; recuerdo que esto era cuatro, seis meses atrás y yo le dije en aquel momento, yo le decía que mi problema es que mañana es el corto plazo, pasado el mediano plazo y traspasado ese largo plazo, noviembre es para mí algo insondable. Y en ese momento dije: no importa en qué situación estemos, no importa dónde se haga, porque en aquel momento se estaba viendo dónde se iba a hacer. Recuerdo Robi, en aquel momento, Pedro no sabía dónde se iba a realizar, pero yo le dije que no importaba en qué instancia nos iba a encontrar, o en qué lugar estuviéramos cada uno de nosotros. Yo personalmente quería estar en ese encuentro, participar, y efectivamente las circunstancias, como ha ocurrido en todos estos años, son vertiginosas y cambiantes, pero acá estamos. Y lo primero que quería celebrar con todos ustedes es que estamos aquí, 10 años después, recordando, poniendo en dimensión, reflexionando y empleando todo ese caudal, ese capital histórico latinoamericano que se creó a partir de decir que No al Alca, estamos acá para que ese caudal, ese capital, sea empleado no en la nostalgia, no en el recuerdo, no en los libros de historia, sino principalmente, para las luchas del porvenir, para la conquista del porvenir. Así que muchas gracias por la invitación y muchas gracias a todos ustedes por estar acá recordando ese encuentro en Mar del Plata y antes de dirigir las palabras concretas que quiero decir, si recordamos el encuentro de Mar del Plata, cómo no vamos a estar recordando a dos gigantes como fueron el Comandante Hugo Chávez y Néstor Kirchner.

Quiero hacer unos breves comentarios, porque como decía, mi agenda es de gestión hoy. Debo ir a una reunión. Pero quería estar, quería verter algunas palabras, que por lo menos son reflexiones a las que llegué. Son reflexiones incompletas, transitorias, en proceso, pero hay una primera cuestión que me parece es necesario tener en cuenta cuando uno quiere comprender qué pasó ahí en Mar del Plata.

Como siempre esos hechos históricos que condensan en una oportunidad, en una fecha, en un sitio geográfico, son después sometidos a infinitas interpretaciones. La verdad es que nosotros, que muchos de nosotros, que fuimos protagonistas de esos acontecimientos, probablemente no supiéramos en aquel momento la dimensión que eso tenía, más allá del entusiasmo y más allá de la energía que hayamos puesto y de la convicción.

Me parece que hace falta ponerla un poco más dentro de la dimensión de la época. Ustedes saben que estamos conmemorando hoy algo muy importante que es haber enterrado el proyecto del Alca. A mí me interesaba poner sobre la mesa qué era lo que estábamos enterrando precisamente, al decirle que No al Alca, porque el Alca es una criatura “nonata”, entonces nadie sabe cuáles eran los efectos del Alca. No es que fuimos para atrás, sino básicamente lo que se impidió fue que el Alca existiera. Por eso tal vez se vuelve abstracto cuando uno piensa así. La conexión con hechos concretos y reales. ¿Qué quiere decir haberle dicho que No al Alca? Lo primero que hay que hacer con este tipo de dilemas, es ir un poco para atrás y ver la génesis, conocer el origen, la naturaleza de eso a lo que se estaba diciendo que no.

El Alca nace de la Primera Cumbre de las Américas, si no me equivoco allá por el año 94. La verdad es que vale la pena decirlo, porque sino se pierde de vista la importancia de haberle dicho que No al Alca. Yo creo que el Alca, no es ni más ni menos que la consumación definitiva del proyecto del Consenso de Washington para la región.
Esto es muy importante entender. Porque no era simplemente una unión aduanera, no era un área de libre comercio. Era un proyecto para el continente, para nuestros países, para nuestra región. Era un proyecto para nuestros pueblos. Una ubicación en la geografía, en el comercio, en la economía, en la sociedad y en la historia.
¿Qué pretendían de nosotros? ¿Dónde nos querían poner? Por eso es importante recordar que el Alca es pergeñado y diseñado en el año 94.

En el año 94, plena década infame en la Argentina, y en el continente, lo que se diseñó era una forma de plasmar una vieja aspiración, un viejo proyecto, que consistía, básicamente en la idea de que el líder indiscutible, único, exclusivo, de nuestra región, de nuestra América, era y debía ser Estados Unidos y el lugar que le quedaba para América Latina, el que estaba reservado para nuestros países, era lo que con esa metáfora tan conocida, se conoce como “patio trasero” de Estados Unidos. Se nos reservaba un lugar atrás, escondidos, éramos el “patio trasero”, secundario, sin importancia, pero yo creo que lo del Alca demuestra y pinta de cuerpo entero ese proyecto del Consenso de Washington, porque lo que se trató de hacer, es construir con muros legales, jurídicos, y a través de convenios, esa casa que nos tenían reservada, ese “patio trasero” teníamos lo peor, el baño del fondo. Nosotros íbamos en el baño del fondo en esa arquitectura que estaban diseñando.

¿Qué era lo que se pretendía? Y esto creo que es muy importante para las luchas del pasado, del presente, pero sobre todo del futuro. Porque esa frase “libre comercio”, como otras tantas, son frases hechas, muchas veces tomadas por la derecha, por la ortodoxia, como verdaderas banderas, como ideales. El libre comercio vendría a ser un estado de bondad general donde a todos nos va bien, porque se aplican determinadas normas, o determinadas reglas, o se dejan de aplicar entonces surgen naturalmente determinadas normas, reglas, leyes económicas, que son beneficiosas para todos.

La cuestión del libre comercio, que es tan pregonado, tan publicitado como un ideal, al que hay que llegar, la verdad es que esconde una cuestión central y fundamental del ordenamiento de las relaciones económicas internacionales, que es la absoluta, total y definitiva desigualdad que reina en la relación económica. No en la relación armamentística, militar, de poder, sino netamente económica entre los países. La idea del libre comercio parte de una falsa premisa que es que hay igualdad entre los países. Igualdad económica, con lo cual ante esa situación de igualdad y complementariedad, los países en un contexto de total libertad, deberían complementarse naturalmente, obtener los mutuos beneficios de sus intercambios. Pero la verdad es diametralmente opuesta. Plantear una situación de absoluta libertad de mercado en las relaciones económicas bilaterales entre países, para tomar el caso como Argentina y Estados Unidos, es lo más opuesto que a uno se le puede ocurrir a condiciones de igualdad y libertad para alcanzar objetivos de bienestar, como todo el mundo sabe, pero no está planteado cuando se discute la cuestión del libre comercio, Argentina y Estados Unidos no son países iguales en lo económico. Esa libertad de comercio que se pretende entre países desarrollados y subdesarrollados parte de una premisa equivocada y niega una realidad. El libre comercio lo que plantea es la “ley de la jungla” entre animales, criaturas de diferente poder y tamaño. Y en la jungla, como todo el mundo sabe, la única ley que prima es la del más fuerte. Es decir, el libre comercio absoluto entre países de diferente situación relativa, de diferente grado de desarrollo relativo, de diferente nivel de industrialización, no logra que ambos se beneficien y alcancen el bienestar, sino logra que los más grandes aplasten a los más chicos. En este caso quiere decir que el libre comercio sin ningún tipo de regulación, sin ningún tipo de prevención, significa que todo intento de industrialización, de desarrollo y de crecimiento para las economías en vías de desarrollo, quede absolutamente obturado. Es decir, lo que se quería hacer era congelar una situación de subdesarrollo y desigualdad de los países de la región, disfrazado como un acuerdo de libre comercio, que lo que hacía, básicamente era que imperara el más fuerte y el más grande, contra el más débil y más chico. Que por supuesto y además, y éste es el segundo mito, ese libre comercio que se plantea, no es libre comercio en el sentido de igualdad. No hay países más proteccionistas que los países desarrollados, lo que pasa es que el proteccionismo agrícola de Europa y el proteccionismo agrícola de Estados Unidos, están consagrados dentro de las leyes que ellos mismos crearon, como una premisa que no se puede discutir, a partir de la cual hay que construir el libre comercio, es decir que, básicamente, libre comercio significa desigualdad, desprotección para algunos y proteccionismo y garantías para los otros.

De manera tal que cuando en el 94 se inicia ese proceso del Alca, se inicia como una onda expansiva y como un avance, como un escalón más en el propio Consenso de Washington, como la forma de cristalizar, plasmar esas desigualdades, y esa situación de desindustrialización, subdesarrollo y atraso en el que se encontraba América Latina con las políticas de los 90, la variable que no se tenía en cuenta era la segunda enseñanza que me parece que hay que tomar es la variable política. Lo que no esperaban, cuando se vinieron para Mar del Plata, es que una serie de presidentes, y más que eso, una serie de pueblos de la región, tuvieran el coraje, la valentía, la decisión de decir que esas reglas consagradas, escritas en todos los libros, pregonadas por todos los consultores, distribuidas por todas las consultoras internacionales y los organismos multilaterales de crédito, esas reglas que se presentaban como lo mejor y como la aspiración, eran básicamente injustas y que los pueblos de América Latina no iban a aceptar que se les impusieran esas reglas. Por eso lo que demostró el Alca es el imperio de la política.

Porque el Alca cuando vino a Mar del Plata para relanzarse, que venían con la idea que teniendo a todos juntos en una nueva Cumbre, y cambiando un poco los términos, iban a conseguir prorrogar y al mismo tiempo acelerar ese proceso de imposición de la desprotección de los pueblos de Latinoamérica a partir de este instrumento de dominación que es el libre comercio. Lo que traían era esa agenda neoliberal.

Recuperando los documentos encontré cuáles eran los temas de agenda que había propuesto para esa Cuarta Cumbre de las Américas en Mar del Plata, del 2005, a quien le tocó como anfitrión presidirla, que era Néstor Kirchner. Los temas eran los siguientes
Es decir ellos venían a proponer, a imponer el Alca, y se encontraron con esta agenda:

Promover políticas para la generación de más y mejores empleos y la incorporación del sector informal a la economía formal.
Combatir la desigualdad, la pobreza, el hambre, la exclusión, con el fin de elevar el nivel de vida de nuestros pueblos.
Combatir todas las formas de discriminación en el empleo.
Promover el desarrollo de capacidades innovativas y la difusión del avance tecnológico.
Promover políticas de inclusión y de protección social para que todos los ciudadanos puedan disfrutar del acceso a los servicios de salud.
Garantizar el acceso a la salud básica de calidad, como base del conocimiento, durante la vida laboral de los trabajadores.
Ampliar las oportunidades de empleo para todos con atención especial a los grupos vulnerables, minorías, pueblos indígenas, afro descendientes, personas con discapacidad, los jóvenes y la tercera edad.
Promover medidas concretas para prevenir y erradicar las peores formas de trabajo infantil.
Proteger los derechos laborales de todos los trabajadores sin importar su condición migratoria. (Fíjense lo que está pasando hoy en Europa).
Desarrollar programas que ayuden al mercado laboral, para que funcionen de forma eficiente y transparente.

Yo quiero decir esto, porque la verdad, ese acto de valentía, de coraje, de lucha, diciéndole No al Alca, no fue solamente enterrar el Alca, sino que fue el Consenso de Washington. Por eso le veo muchísima más importancia histórica a lo ocurrido en Mar del Plata en ese momento. Lo que me importaba era no quedarme sólo en la negatividad de ese acto, en haber dicho que No. Porque aquí había una agenda positiva a la que le decíamos que Sí. Una agenda que no era la agenda de los poderosos. Una agenda que al decir No al Alca, terminó disolviendo el engendro que habían armado para imponer sus políticas, pero dio a luz a otras instituciones, a otras organizaciones. También en los pueblos latinoamericanos, que nacieron de ese golpe, de ese cuchillazo en el desierto, que fue el No al Alca. Porque todo lo que hoy tenemos como es Unasur, Celac, como es el Mercosur fortalecido, todo esos instrumentos son el resultado de haber dicho No.

Y para terminar, si bien ese proyecto fue enterrado, si bien contó con personalidades, con situaciones, con militancia, que tuvo la capacidad de ponerle un freno a ese avance, la verdad es que ese proyecto no está muerto.

Carlos Bianco, me comentaba hoy de los nuevos tratados que están empezando a instrumentar: Tratados para el Pacífico; el Tratado de Libre Comercio con Europa, todo liderado por Estados Unidos y ese Tisa, un tratado de mayor alcance para la libertad de dominación, en el marco de los servicios, que incluye montones de cuestiones vinculadas a las nuevas economías del conocimiento, informática. Es decir, que ese proyecto, si bien en América Latina se le dijo que no y dio lugar al surgimiento de un sueño, de un anhelo, que es ponerle cuerpo, ponerle nombre y apellido, ponerle resultado a la unidad latinoamericana, me parece que ese proyecto claramente sigue vivo aunque no ha podido penetrar en nuestros países, en nuestras fronteras. Ese proyecto sigue vivo y sigue vivo por fuera de nuestro país, sigue acechando y sigue intentando avanzar, pero también sigue vivo dentro de nuestro país.

Yo me propuse hoy un pequeño ejercicio. Si hubiéramos dicho que sí al Alca, y se hubiera firmado el Alca. ¿Cómo hubiera afectado nuestras condiciones de vida? ¿Qué hubiera pasado? Pensaba, 81000 puestos de trabajo de la industria del software; 40000 de la farmacéutica. Industrias que se habían borrado, porque ése era el objetivo. Estamos hablando de miles y miles de familias que hubieran perdido su oportunidad; miles y miles de empresas que hubieran perdido su rentabilidad. De nuestro PBI, cómo hubiera sufrido nuestra capacidad productiva. Es decir, que la cuestión del Alca no es una entelequia, es muy concreta y tiene resultados muy concretos, porque así como perjudica a algunos, también beneficia a otros. Y esto no hay que perderlo nunca de vista en las situaciones económicas. Es muy raro que haya alguna medida en la economía que beneficie a todo el mundo, prácticamente por naturaleza, es muy difícil. La economía es una ciencia, un arte, una política de equilibrio, de balance, de intereses que muchas veces son contrapuestos. Y a los gobiernos les toca no lo que no es sólo, en el caso nuestro, por el carácter popular del gobierno, es general, porque la idea del gobierno es la representación del interés general, del interés de los 40 millones de argentinos, por ponerle un número, pero en particular, de aquellos intereses que existiendo, siendo tangibles, reales, no tienen posibilidad de expresión. Menos todavía poder de lobby, menos todavía poder de incidencia. Menos todavía, porque cuando se habla de estas cuestiones de los sobornos, de la corrupción en América Latina, siempre se habla de los Estados, pero todo el mundo sabe que atrás de un funcionario corrupto, hay como mínimo un empresario corrupto que está obteniendo algo y nunca se calcula los perjuicios del resultado de esas medidas. Entonces en ese punto, digo que esa capacidad de acceder, de lograr, de penetrar, es lo que le está negado a las mayorías. A las mayorías les cuesta mucho más imponer su voz, imponer su agenda. Fíjense hoy la agenda, a días de una elección tan trascendente, no es la agenda de los sectores populares. Es otra agenda. Es una agenda que está impuesta por los poderosos. Es lo que quieren discutir ellos, es donde quieren vernos fijar posición. Pero el papel de los Estados es representar a todos los otros que son muchos más, que son más vulnerables, que tienen más necesidades, pero que no tienen capacidad de imponer su decisión, su voluntad, su interés.

En la economía, uno de los problemas, y surge todo el tiempo, cualquiera de estas cuestiones que andan diciendo, que el cepo, que las previsiones, uno dice: pero no es que al gobierno le interese imponer algún tipo de restricción por sí, o molestar a alguien. Evidentemente si se hace algo es para obtener un resultado. Resultado que nunca se discute. Se discute con los que pueden hablar de un lado del mostrador, porque los del otro lado del mostrador no tienen voz y nunca aparecen.

Recorriendo el barrio hace unos días me encontré en una de nuestras grandes avenidas me encontré con comerciantes que me decían: “Mire, yo viví los 90 y sé lo que fue la ola de importación del calzado. Se acabó la industria del calzado en la Argentina. Cuando hay algún tipo de administración del comercio para que eso no vuelva a ocurrir, el problema es que el gobierno está impidiendo, pero lo que no se ve son los resultados en términos de producción, de empleo, de tecnología, de bienestar de esas medidas, que obviamente por la naturaleza del problema económico, siempre, porque es imposible que se haga de otra manera, algunos se sienten perjudicados.

Me tocó hablar con un empresario que me decía: “Yo no quiero que haya más tantos requisitos para importar”. Entonces le digo: “¿Y vos qué producís?”. Bueno, producía zapatillas. Me dice, bueno, a mí no me dejan importar las suelas. Yo quiero que me dejen importar más suelas para poder vender más zapatillas. Entonces le digo: Estoy dispuesto a hacerlo. Bueno, entonces suspendemos cualquier tipo de administración, que además no es así. Pero bueno, le digo, permitimos que se importe todas las zapatillas terminadas. Entonces me dice: No, vos estás loco.

Entonces, fíjense, venía a reclamar por libertad absoluta de ingreso de ese insumo mas no de su producto, para el que pedía que se pusieran más restricciones todavía o más limitaciones, porque la economía es así. Pocas veces pasa esto en que esté reunido en la misma persona esa contradicción. Muchas veces está dispersa entre grupos distintos. Lo mismo, porque ahora esas zapatillas se producen, y el que faltaba ahí era el obrero que la produce, que en caso de aplicarse el Alca hubiera sido un perfecto potencial comprador de una zapatilla probablemente importada, probablemente a precio de dumping, proveniente del mercado con determinadas condiciones, o en el marco de la crisis de sobreproducción internacional a precios muy bajos. Es decir, hubiera tenido el beneficio de importar algo a precio más bajo con un pequeño detalle: que hubiera estado desempleado y no se hubiera podido ni comprar la zapatilla.

O sea, no es la intención de molestar a nadie. Ojalá en economía se pudieran tomar medidas que todo el mundo al mismo tiempo festeja, pero la economía es un terreno de balances, donde para que uno esté mejor, muchas veces hay que introducir algo que el otro siente que lo está perjudicando, que a veces porque tiene una suerte de perjuicio que entiende como inmediato, también olvida los efectos secundarios. Porque no es sólo eso. Si no se produce esa zapatilla, el obrero que tiene ahora ese oficio, ese trabajo y ese ingreso puede comprar la zapatilla nacional. También es poder de compra para el otro. Es decir que el beneficio termina siendo para el conjunto, pero muchas veces es invisible y no directo, y aquél que recibe piensa de una forma que creo es violatoria de la lógica más básica, que se pueden obtener estos mismos resultados con las políticas opuestas. Y resulta, y esto para quienes defienden el Alca, la alineación automática, a los intereses de los países poderosos, deberían tener en cuenta, en su haber, el hecho de que esas políticas ya se probaron. Esas políticas no es que son nuevas. Argentina fue realmente el rey o la reina del libre comercio, porque a nosotros desde la dictadura militar hasta los 90, no pararon de enchufarnos cualquier tipo de producción internacional a cualquier precio porque el proyecto era convertirnos en un mercado. Incluso nos daban créditos para que pudiéramos comprar esos productos y ser parte de una bicicleta de la que nosotros no obtenemos ningún beneficio verdadero.

Entonces lo que llamo a reflexionar es sobre esta cuestión en que se dijo No al Alca, obviamente conseguimos mucho pero en donde más conseguimos es en fortaleza, en comprensión, en conciencia, en poder simbólico, organizativo. Porque el problema de haberle dicho No al Alca, no es simplemente haber desterrado el Alca, sino que estamos dispuestos a enterrar todo intento de dominar a los países de Latinoamérica por el Alca o por cualquier otra cosa.

Lo último que quiero decir es que así como nos deja una herencia positiva no sólo una herencia negativa, no sólo cosas a las que hemos dicho que no y a las que vamos a seguir diciendo que no, construcciones importantísimas como la Celac, Unasur, como el Mercosur, que son conquistas que vamos a seguir defendiendo. Y otra cuestión más: es que más allá de las propuestas hoy estamos expresando que 10 años después estamos reunidos entre nosotros, pero estamos reunidos también con Hebe, representante de Madres, porque lo que no hemos perdido es la Memoria.
Muchísimas gracias.