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Portada del sitio || La Central || Hugo Yasky criticó la represión a los trabajadores de Cresta Roja

El titular de la CTA se refirió al accionar de las fuerzas policiales en la Autopista Ricchieri contra los trabajadores que realizaban una protesta en reclamo de sus fuentes de trabajo.

El sindicalista dijo que se había desacostumbrado a ver los carros hidrantes en las manifestaciones o a gente filmando desde los techos cuando hay una protesta.

En diálogo con Luciano Galende y Nora Veiras, Yasky aseguró que “el Gobierno se equivoca cuando elige los palos para mantener la paz social”.

En cuanto al reclamo expresado por varios gremios sobre un bono de fin de año, Yasky criticó al Gobierno tras lo ocurrido con el sindicato que conduce Hugo Moyano.

“Creo que hay un trato desigual como lo que vimos con el gremio de camioneros” que salió a anunciar que habían firmado un bono de fin de año de 8 mil pesos en promedio, cuando el gobierno lo negó para otros sectores.

Texto completo

Luciano Galende: Hola Hugo, ¿qué pensás de esta situación, que pareciera ser que tiende a instalarse como una nueva forma en la cual el gobierno va a atender a los conflictos sociales?

Hugo Yasky: Creo que es absolutamente repudiable que se elija el camino de la represión. Le ponen el eufemismo del protocolo, “estamos preparando el protocolo”, pero el protocolo es el dispositivo represivo. Y creo que es el peor de los caminos, porque si se anuncian medidas que los propios ejecutores de esas medidas en el M. de Economía, al nivel del Ejecutivo, saben perfectamente que van a generar tensión social; saben perfectamente que así como producen sensación de bienestar en las minorías que se benefician con ellas, que son grupos muy poderosos, producen el efecto contrario en las mayorías que las van a tener que sufrir. Entonces si frente a eso, lo que rápidamente se genera es un estado de apronte represivo, evidentemente se elige el peor camino, porque lo que hoy vimos con los trabajadores de Cresta Roja, que es un conflicto que ya se venía manifestando en otras oportunidades, nunca hubo una represión, ni las salvajadas que vimos hoy con las balas de goma, y esa manera brutal de tratar a los trabajadores como si fueran una especie de basura que hay que barrerla a patadas del medio de una ruta. Está bien que uno sabe los problemas que causa, el perjuicio, etc., pero los problemas se deben resolver apelando a soluciones que sean equilibradas y no que simplemente signifique cortar el hilo por lo más delgado. Desaparece la empresa, se joden los trabajadores, y si protestan los sacamos a balazos de goma. A mí me preocupa porque estoy viendo, como la verdad que me había desacostumbrado a ver cuadras enteras de carros hidrantes. Me había desacostumbrado a ver, como vi el otro día, cuando hicimos una marcha absolutamente pacífica, gente filmando arriba de los techos. Me había desacostumbrado a esa imagen de una Argentina, donde otra vez se olfatea esto de querer deslizarnos hacia un estado que a través de la represión disciplina las manifestaciones populares. Creo que es un error y que en definitiva va a llevar a un callejón sin salida. Lamentablemente, los trabajadores vamos a tener que sufrir situaciones como ésta, pero si se piensa que con esto se disciplina y que a los palazos se impone la paz social, creo que están eligiendo el camino errado. Ya Mafalda, hace cuarenta años, planteaba en mofa lo que significaba querer instalar la paz a palos.

Nora Veiras: Hola, Hugo. El argumento que esgrime la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, es que es la necesidad de establecer un protocolo en el cual se conjuguen los derechos de la protesta por un lado y los de la libre circulación, por el otro. ¿Cómo analizás eso? ¿Es factible?

H.Y.: En realidad es una manera de establecer una coacción, para que las protestas se desarrollen en un lugar que no sea sobre el piso, sobre el suelo. Porque si vos de pronto movilizás a 5000, 3000 o a 1000 trabajadores, tienen que pisar la tierra, tienen que caminar por la calle, o sea, que cualquiera que manifieste, está de alguna manera interfiriendo en el libre tránsito. Por ejemplo, todos los que caceroleaban hasta hace poco tiempo, ¿dónde interferían? Cuando vos ponías caceroleros, como se ponían a cortar una avenida, cacerolita en la mano, gente muy bien vestida, cacerolazos frente a la Quinta de Olivos, interrumpiendo el tránsito. Son maneras que forman parte de la cultura de los argentinos. La cultura política de los argentinos, incluidos los de la clase media y media alta, que también lo hacen. Entonces me parece que venir ahora con la expresión de dónde vamos a hacer las marchas, por ejemplo. Que me acuerdo de Menem que quería hacer un “marchódromo” en el autódromo. Que quería poner turno para que la gente hiciera marchas en el autódromo, así se filmaban y no interrumpían el tránsito. A mí me parece que son formas de querer darle a la decisión de reprimir las manifestaciones sociales, un aire democrático y una apariencia, un barniz de tolerancia que evidentemente está desmentido por hechos como el que vimos hoy con Cresta Roja.

N.V.: Saliendo del tema de la represión, en cuanto a la posibilidad de negociación salarial y algún tipo de recomposición con un bono de fin de año, ves alguna posibilidad después de lo que han dicho desde el Ministerio de Trabajo, de rechazar esa postura, por un lado, y por otro lado, el acuerdo individual que hizo Moyano con los camioneros, para que sí reciban un bono de 12000 pesos?

H.Y.: Creo que evidentemente empieza a haber una especie de trato desigual con distintos sectores, porque si el gobierno quisiera realmente favorecer una salida, para que las cámaras empresarias acuerden con los sindicatos como sí se hizo con el Sindicato de Camioneros, tendría que dar una señal exactamente contraria como la que dio cuando dijo: no hay ninguna posibilidad de dar un bono de fin de año. Hasta podría haber apelado a un aumento de emergencia que para todos hubiese sido absolutamente explicable, porque si hay medidas que significan de un día para el otro una brutal transferencia de recursos de los que menos tienen hacia los que más tienen. Si de pronto hay que soportar, durante dos o tres meses, hasta que empiecen a discutirse y después se apliquen las paritarias, un aumento de los precios inusitado, como el que vamos a tener que enfrentar, es absolutamente lógico, es de sentido común, y tiene que ver con la graduación de medidas de ajuste que golpean a los sectores populares, la implementación de un aumento de emergencia, la generación de un bono, incentivar, estimular a los empresarios, convocarlos para que realmente faciliten ese camino, y generar desde el Estado, con los gobiernos provinciales, una iniciativa similar para que esto se pudiera implementar. No se lo hizo no tanto porque hay carencia de recursos, sino porque se quiere sentar el precedente de naturalizar que las medidas que se van a tomar, no pueden tener una contraparte de recupero por parte de los trabajadores, porque sino esa brecha que se quiere establecer ahora para abaratar el costo de la mano de obra, del trabajo y abaratar los salarios, no se podría lograr. Si ante cada pérdida compensaran la pérdida, que es lo que se tendría que hacer, ellos estarían generando una política que no cumpliría el requisito que dicen los gurúes y los cerebros que tienen maquinando estas políticas. Porque ellos dicen que para bajar la inflación hay que bajar los salarios, porque tiene que bajar el consumo. Si no se baja el consumo de los sectores populares, no bajamos la inflación, y acá los que tienen que pagar o son los empresarios o son los trabajadores, y se eligió que sean los trabajadores. Esto explica para mí lo que aparece como una falta de sensibilidad social, y en realidad creo que es la determinación fría de que el costo lo paguemos los que menos tenemos.

L.G.: Hugo, una consulta más. ¿Sabés algo de un paro de ATE para el 29 de diciembre, un paro general de los trabajadores del Estado?

H.Y.: Hay una convocatoria que tiene que ver con otro problema grave que es la incertidumbre que genera la existencia de decenas de miles de contratados en todo el país, que son empleados y empleadas, que habitualmente renovaban su contrato y que están así contratados desde hace años, desarrollando tareas con horarios, y con todos los requisitos de un trabajo normal, pero quedan los contratados como una especie de trabajo informal en el Estado, producto de la ley de emergencia económica que impedía nombrar en el Estado. Entonces toda esa gente hoy siente temor, porque como escucha hablar de que se va a hacer una especie de cacería de brujas, que se va a ir contra los ñoquis, tiene con justificativo, temor a caer en la volteada. Así que creo que el motivo principal es ése.

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