Varias lecturas pueden realizarse de las elecciones brasileñas. Pocas, como estas, han tenido una multiplicidad de variables, escenarios y puesta en escena de actores y factores nacionales e internacionales que han buscado frenar el proceso de transformaciones sociales iniciado por Lula y continuado por la actual mandataria.

Fracasaron, pero quedó en claro que no era una cuestión de estilos, sino dos proyectos en pugna, dos modelos de construcción política e ideológica; mérito este, de la presidenta, que a través de los debates logró dejarlo explícito.

Se vio una acción brutal de la derecha: desde el espionaje a la persona de la propia primera mandataria por parte de Estados unidos, la condena a dirigentes históricos del PT, basada en teorías que nunca se habían aplicado al ámbito judicial, la actitud de la Bolsa manipulando la cotización de las acciones, hasta un nivel de difamación como pocas veces se había visto.

El poder de las ocho familias que controlan los grandes medios de comunicación que denunciara Lula, oportunamente, continúa intacto y fue muy evidente en la actitud de la revista Veja, que tomó las declaraciones de un empresario/financista, acusado de lavado de dinero, planteando corrupción en Petrobras y acusando al PT, lo que superó los límites en la injerencia de lo mediático sobre lo político-electoral, cuando adelantó su edición del domingo al jueves, poniendo en tapa el título "Ellos sabían todo", sin ninguna prueba e inclusive, el mismo día de la elección a través de su aparato de prensa hicieron circular versiones sobre el asesinato de Alberto Yousseff.

La iniciativa política de la derecha brasileña de posicionar a Marina Silva, luego de la caída del avión que terminó con la vida de Eduardo Campos, lanzando una variedad de encuestas que hablaban de una polarización con ella que en los hechos no se verificó; y la irrupción de Aécio Neves, buscando arrastrar a todo el electorado socialista o socialdemócrata tras su candidatura, fue otra de las maniobras. Inclusive, hasta tres días antes seguían haciendo circular relevamientos nacionales que daban como perdedora a Dilma.

Frente a esta confrontación, el PT eligió el camino de mostrar los logros alcanzados en los últimos años que llevó el PBI del país de 552 mil millones a 2250 mil millones de dólares, haciendo crecer las reservas del Banco Central de 49 mil millones a 358 mil millones, bajando el desempleo de 9,7 a 6,9 por ciento; reduciendo la pobreza extrema del 25% al 9% e impulsando políticas de inclusión masivas que involucraron a los sectores pobres y de trabajadores como nunca antes se había visto.

El resultado demuestra que el pueblo brasileño comparó y no olvidó esos logros, a pesar de todo lo que falta para construir una sociedad más justa y con mayor distribución de la enorme riqueza que el país produce.

El PT, las organizaciones nacionales y populares de la región debemos tomar nota de todo lo que ha venido sucediendo en esta etapa electoral, pero también ser autocríticos en relación a las cosas que no se supieron o no se quisieron hacer y que el pueblo reclama. Aprendizaje necesario si se desea avanzar, definitivamente, en la profundización de los procesos de transformación política, social y económica en América Latina.

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