Palabras de la ex Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó, en el marco del Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres.

“Después de haber escuchado a nuestras compañeras bolivianas, a la compañera ecuatoriana en la cárcel y a la compañera chilena, la verdad es algo que quita el habla. Pero de alguna manera me reconforta poder compartirlo en este ámbito con mujeres trabajadoras, mujeres sindicalistas, mujeres empoderadas, que están organizadas y alertas para lo que hay que hacer en estos tiempos difíciles.
Tiempos difíciles que son globales, por una derecha que arrasa la política, en alianza con el capitalismo financiero. Una alianza devastadora. Devastadora del empleo, porque se pone el acento en el negocio financiero. Devastadora de las cajas estatales que deben servir por las políticas públicas, por los pueblos. No se puso ningún límite después de la crisis internacional de 2008 al crecimiento de la usurización de ese sistema de guaridas fiscales, que es una sangría de recursos de las transnacionales, hermanadas con el crimen organizado, con el dinero de la corrupción; una sangría de recursos de la evasión impositiva que no llega a los pueblos. Devastadora del medio ambiente, poniendo en juego el futuro alimenticio, por la contaminación, arrasando bosques, degradando suelos.

Y estos tiempos difíciles regionales, también con derechas colonialistas que justifican golpes de Estado, que los silencian, y a la par esa esperanza y esa inmensa preocupación por la brutal represión al ver a los pueblos defendiéndose en Bolivia, de la dictadura, nuestras hermanas, hermanos, una lucha que nos quita el sueño cada día. Ver a nuestras hermanas y hermanos venezolanos, defendiendo, a pesar de todo su autodeterminación. Los estallidos sociales en contra del ajuste en Ecuador, en Chile, hace unos días en Colombia y como decían recién, nosotrxs cuidando lo que tenemos.

A esto se suman también los problemas propios de lxs trabajadorxs, que son estas transformaciones que ha sufrido en los últimos tiempos el mercado de trabajo, donde la relocalización de las empresas a través del mundo, llevan las empresas a jurisdicciones donde no respetan derechos laborales ni la seguridad social, pagando salarios de miseria y es la justificación de los gobiernos para las leyes de flexibilización laboral para atraer inversiones, cuando sabemos que en la época del menemismo esas flexibilizaciones nunca trajeron más empleo.

La desindustrialización progresiva, por ese auge del mercado de servicios, profundizada acá por políticas económicas que privilegiaron a una Argentina exportadora de materias primas y llevando a muchas industrias y sobre todo a las Pymes a la quiebra.

Hace poco un compañero sindicalista había propuesto, como defensa de las trabajadoras y trabajadores argentinxs que se luchara por una jornada mucho más reducida. Tenemos una jornada legal de 48 horas y él ponía el ejemplo de Japón, donde él dice las jornadas son de tres días, o tres horas. Y es cierto que los japoneses son famosos por ‘morir trabajando’ 14 horas por día, pero esa es como una élite, de cargos gerenciales, que trabajan muchas horas. Tuve la oportunidad de ir a Japón y ver la cantidad de personas empleadas para que no haya una cola en ningún lado. Son 125 millones y una va al subte y se acerca una empleada para ayudarle y explicarle cómo tiene que hacer. Va a comer a algún lado y encuentra que hay tantas empleadas camareras y camareros, como mesas. Cuando hay políticas de empleo eso se nota y es lo que se necesita acá. Políticas de empleo.

Pero no nos vamos a deprimir por lo que es este contexto tan difícil y la historia sigue su curso, y de aquellos años trágicos del 2001, luego vinieron los mejores años de nuestra historia. Pensábamos que no se iban a repetir y estamos en vista de que se repitan, y que eso se vaya expandiendo a los países hermanos. Pero nuestro punto de partida, como mujeres trabajadoras, mujeres sindicalistas, tiene que ser revalorizar el rol de la mujer trabajadora en la historia.

Esa revalorización que le ha negado el proyecto histórico de la dominación patriarcal, que durante siglos le negó a la mujer independencia económica, calificación laboral, experiencia en negocios. Le ha negado credibilidad en todas las denuncias por violencia de género, por acoso, que hasta ahora eran sistemáticamente rechazados.
Vale la pena recordar que hasta el año 1968, en que se reforma el Código Civil, la mujer casada era ‘incapaz’, jurídicamente. Y recién en 1947 tuvimos derecho de voto, sin embargo, la mujer había generado para el capitalismo industrial, uno de los principales factores de producción que es la fuerza de trabajo, la prole, y sin embargo estaba ausente a la hora de los beneficios y derechos civiles. Y aún más, porque lo que se ha negado, también en la historia argentina que nos han contado, es la participación de la mujer en la industria.

El censo de 1914 nos enseña que en la industria textil, la mayoría eran mujeres, el 61%, eran mujeres. En la primera industrialización, en 1935, en la industria química, la participación de las mujeres fue del 31%; en papel y cartón, 39,1% y en caucho y manufactura, 35,5%. Esto en 1935. Porque la historia ha silenciado esto, porque la misión patriarcal relegaba a la mujer a las tareas hogareñas y a la maternidad y todo trabajo fuera de la casa era mal visto. A menos que se tratara de maestras, enfermeras, empleadas domésticas, algo más afín a ese rol de cuidadoras que le atribuía el paradigma dominante. O que trabajaran en un rubro un poco más tolerado como empleadas de comercio. Y ese ideal de domesticidad y esa estigmatización del trabajo de la mujer fue lo que siempre sirvió para justificar las mayores tasas de explotación. El pago de salarios menores al de los hombres, el relegamiento a tareas de menor jerarquía, con imposibilidad de ascender a cargos jerárquicos, a puestos de poder. Y es lo que se mantiene hasta hoy.

Me quedó grabado el título con el que dos jóvenes académicas, militantes de Ni Una Menos, titularon una nota que habían publicado en la Revista Anfibia, me refiero a Verónica Gago y a Luci Cavallero. En esa nota ellas se referían al intento del gobierno de Macri de suspender la moratoria previsional. Y cuál fue el título: “Los aportes que me faltan los tiene el patriarcado”. Qué enorme verdad. Una verdad que suena como un grito que clama Justicia. ¿Y con cuánto más se quedó el patriarcado? ¿Con cuántas vidas, posibles de ser vividas con más plenitud?

Esta moratoria previsional no pudo ser dejada totalmente sin efecto por la lucha de los movimientos sindicales y feministas que lo evitaron. La historia argentina que nos contaron, no sólo invisibilizó la participación de la mujer en la industria, también invisibilizó la lucha de las mujeres en los territorios, en los barrios, en los movimientos anarquistas y socialistas a partir de principios de Siglo XX, en las experiencias migratorias, la lucha por su autonomía. La lucha de las mujeres en esas épocas, que enfrentaron las tensiones de clase, que tuvieron que afrontar los conflictos, las negociaciones con sus patrones. No podría entenderse la huelga ferroviaria de 1927, la petrolera de 1932, la de las empresas de construcción en 1934, 1935, sin la presencia firme de las mujeres que organizaban los encuentros en los barrios, que difundían el ideario obrero, incluso con la ayuda de niñas, niños, jóvenes.

Recién en los años 80 comienza a ser inocultable y a reconocerse públicamente ese rol de mujeres en las luchas, en los movimientos piqueteros, en los conflictos agrarios, en los movimientos campesinos, en los comedores populares y en los movimientos de Derechos Humanos, sobre todo ante el protagonismo decisivo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo que cambiaron el curso de la historia. Fueron mujeres las que cambiaron el curso de nuestra historia para darnos una sociedad mejor con Memoria, Verdad y Justicia que no va a tolerar Nunca Más un golpe de Estado.

Sin embargo, no puedo dejar de mencionar que en el ámbito de lucha por excelencia, en el avance por los derechos sociales, en el ámbito sindical, también se caracteriza por el relegamiento de la mujer en los puestos jerárquicos. Lo veo cada vez que me llaman para hablar de género, y me siento particularmente incómoda de decirlo en la CTA, frente a un secretario general que es una de las personas que más admiro y quiero, no sólo por lo que es, por su calidad humana, sino por una historia personal, como contaba Estela, en esos dos años de macrismo que fui perseguida, porque decían que era militante kirchnerista y no podía ser procuradora, y me tenía que ir a mi casa y lógicamente el kirchnerismo no podía darme una mano porque significaba reafirmar la versión del presidente para quien yo tenía que ser independiente. Dejé de ver televisión, porque en cada canal había alguien hablando mal de mí. Nunca había alguien hablando bien y nadie que saliera en mi defensa en esos momentos. En los dos años que siguieron, que también estuve viendo si me llevaban o no a la cárcel, con esas causas truchas, de lawfare que me habían armado y seguían avanzando, con el apoyo de los medios de comunicación, la persona que me llamó, se acordó de mí, me dijo venite, te queremos con nosotrxs, venite a la CTA, fue Hugo Yasky. El único.

Hay que seguir trabajando por la paridad, pero tenemos que decir, que una mujer esté al frente de un sindicato, de una federación, es más bien la excepción que confirma la regla. Y esperamos que pronto tengamos una secretaria general más en la UTE, Angélica Graciano, que va a elecciones en los próximos días. Así que, mujeres, trabajadoras, ya es hora que en la CGT haya una mujer al frente. Ya es hora. Compañeros.

En la Justicia también, los puestos de más poder son para los hombres, por algo será. Tanto en la Corte, como en los tribunales federales, que tienen esas causas y que pueblan las tapas de los diarios, son hombres, donde tramitan algunos casos de lawfare.

Y cuando hablamos de género, de violencia, discriminación de género, no podemos dejar de mencionar el derecho del reconocimiento de todas las identidades sexuales. ¿Acaso podemos ser indiferentes a que hasta hace poco, las mujeres trans tenían una expectativa de vida entre 35 y 40 años? No podemos, porque es nuestra responsabilidad, porque es el rechazo social lo que causa esta vulnerabilidad en los colegios, en las familias, en las universidades, en el mercado laboral que durante siglos las ha relegado al único camino de la prostitución. Por eso el derecho a que todes podamos realizar nuestro proyecto de vida sin hostilidades, sin persecuciones, es algo que también nos debe comprometer como mujeres trabajadoras.

Y volviendo a los tiempos difíciles que vivimos. Nosotrxs, lxs abogadxs, siempre tenemos esa manía de creernos que contamos con las herramientas para solucionar las cosas y entonces queremos reformas constitucionales, leyes para esto, para lo otro y hay un sociólogo, jurídico, ustedes lo habrán escuchado mencionar, es de prestigio internacional, que es Boaventura de Sousa Santos y se preguntó si puede el Derecho ser emancipatorio, o sea, liberador de las personas y para contestarse hizo un repaso de todos los movimientos sociales, de organizaciones sociales, que a lo largo de la historia fueron el sostén del avance de los derechos y finalmente se respondió que el Derecho no puede ser emancipatorio ni no emancipatorio, porque los que son emancipatorios o no emancipatorios son los movimientos y las organizaciones sociales que recurren al derecho para avanzar en sus luchas.

Por eso, compañeras, el futuro está en sus manos, en los movimientos sindicales, con sus alianzas, en sus paros, con los campesinos, con las redes internacionales, con esta capacidad de movilización, de interpelación, pero por sobre todo confiando en la capacidad de lucha y de provocar cambios sociales que ha mostrado la mujer en la historia argentina, historia silenciada por el proyecto patriarcal, pero historia que nos muestra su fuerza, su protagonismo, y las hemos escuchado también a nuestras hermanas bolivianas y sabemos aquello de que sólo una mujer es capaz de defender a los suyos.

Así que hay que luchar por la participación igualitaria en la toma de decisiones en los ámbitos sindicales, por la llegada en paridad de las mujeres a los puestos de poder. Y trabajar mucho en la capacitación de todes. Y esto lo menciono porque llegué hace unos días de Santiago del Estero, y quedé tan emocionada de escuchar a las mujeres de los movimientos campesinos. Escuché a esta joven Deolinda Carrizo, no sé si la escucharon pero la tienen que escuchar, y ahí comprendí la capacitación que tienen estas mujeres que trabajan bajo el sol abrasador de los campos en Santiago del Estero y llevan lingüistas, historiadores y están alertas en la lucha y en la lucha global que se necesita. Porque hay que forjar una contra globalización hegemónica para luchar contra esta globalización depredadora que hoy conocemos. Y confiar también en nuestra capacidad de construir un proyecto que desarticule la dominación por el género que es la raíz de otras dominaciones, de destrucción social, del pensamiento binario, de la violencia institucional, de la precarización del trabajo, de la destrucción del medio ambiente y de la biodiversidad y de las violaciones a los derechos humanos, que son el resultado directo o indirecto de un proyecto histórico de la dominación patriarcal y del desencuentro entre las personas. Muchas gracias”.

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