A 15 años de nuestro derrumbe económico-financiero la historia se repite en la cuna de la democracia: Grecia.

A 15 años de nuestro derrumbe económico-financiero la historia se repite en la cuna de la democracia: Grecia. Acosada despiadadamente por las deudas de los bancos alemanes y franceses, el país griego se encuentra ante una encrucijada lo más parecida a un laberinto: si se acepta la extorsión de los bancos, la crisis social se acentuará hasta un extremo inimaginable. De parte de las tres instituciones que comandan las negociaciones con el gobierno griego se pretende que se bajen aún más las jubilaciones y pensiones, se suba el IVA del 13 al 23% y se deroguen normas laborales que aseguran estabilidad en el empleo. Si se rechaza esa imposición, surge un escenario a futuro incierto y seguramente también con altos costos para el tejido social del pueblo heleno: la salida del país de la Unión Europea y el euro.

Como en la Argentina de 2001-2002, el nuevo gobierno heredó una deuda impagable (160% del PBI, como la suma que afrontaba la Argentina ) generada en actos de corrupción, negocios ruinosos y compra exagerada de armamento contraída con la banca alemana y francesa por los gobiernos anteriores. Lo que pretende Europa y el FMI es que se pague esa deuda con el empobrecimiento acentuado del pueblo. El principal negociador actual de Grecia es su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, renombrado economista. Él acaba de recordar en un documento que, desde 2008 a la fecha, en Grecia, los salarios cayeron en un 37%, las pensiones fueron reducidas hasta un 48%,el número de funcionarios públicos bajó un 30% y el consumo se desplomó un 33 por ciento. El desempleo supera, ahora, el 27 por ciento. Y en los jóvenes es más del 50% de la masa laboral.

Frente a este panorama, el destino de aquellos sectores mayoritarios del país, para nada responsables del desmanejo de la economía nacional desde 2008, luce dramático. No provocaron el desastre pero se exige que lo paguen, a costa del hambre del pueblo.

El mismo escenario fue el que tuvimos que enfrentar los argentinos. Nuestro gobierno, el que asumió en 2003 tras el cese unilateral de los pagos en 2001, propuso, para escapar de la trampa, convertir a la deuda impagable en bonos amortizables a largo plazo con crecimiento económico y quita del 65% de las acreencias. Fue la reestructuración más grande de la historia financiera mundial
Pareciera que esa es la única salida posible. El país heleno tiene una única y perdurable solución: que se reestructure la deuda que no se puede hoy afrontar y que se libere al pueblo griego y, en especial, a sus sectores más débiles, del tremendo sacrificio actual.

(*) Investigador Superior CONICET - Integrante de Carta Abierta

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