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50 años de la Noche de los Lápices
Luchar no tiene edad: por los de ayer, por los de hoy y por los que vienen
La Noche de los Lápices no es solamente la historia de jóvenes asesinados por la dictadura. También es la historia de una generación que intentaron arrancar de la historia. Tenían 16, 17, 18 años. Se organizaron, reclamaron, hicieron política. Y por eso fueron perseguidos, secuestrados, torturados y desaparecidos.
Hoy tendrían más de 60 años.
i la dictadura no les hubiera robado la vida, esos jóvenes probablemente estarían hoy peleando junto a nosotros: por el derecho a estudiar, a organizarse, a tener trabajo, a una jubilación digna, a los medicamentos, a vivir y a envejecer con dignidad.
La dictadura quiso disciplinar a una generación y sembrar el miedo para las que vendrían después. Quiso romper los lazos, desarmar la organización colectiva y convencernos de que luchar era peligroso.
Por eso, cuando los jubilados ocupamos la calle, también estamos recuperando una historia que quisieron interrumpir.
Aquellos pibes de los 70 hoy estarían ahí, entre nosotros. Con sus canas, sus historias, sus luchas y sus carteles. Seguramente algunos estarían en nuestras rondas de los miércoles, porque las luchas no tienen edad y la memoria tampoco.
Los desaparecieron físicamente. No pudieron desaparecer las razones por las que luchaban.
Hoy somos nosotros quienes tomamos esa posta.
Por ellos.
Por nosotros.
Por los que vienen.
Porque una generación que lucha no desaparece: se multiplica en otras generaciones que vuelven a organizarse y a ocupar la calle.


