Las vivencias y el balance de nuestros corresponsales viajeros.
Por María José Parra y Martín Marino (*)

Estas líneas acuden, palabra tras palabra, con varias ideas ronroneando. Ninguna termina de despertar del todo y, sin embargo, todas caminan hacia el mismo norte: balance. Será que La Cigarra se aproxima al año de viaje y las imágenes de las puestas de sol, de las lunas llenas, junto a los sabores de arepas y sancochos se entremezclan en ese zigzaguear entre sierras andinas de ojos negros, y mares de pescadores artesanales que descansan la piel curtida en sus hamacas. El ruido del mar es sordo ahora ante sus ojos y las reflexiones aguardan algún guiño. Es que por estos días hay una idea que se aloja insistente codeándose con otras.

Desde que hemos pisado Venezuela venimos compartiendo charlas, cafecitos y traguitos con grandes personajes, militantes históricos que han sobrevivido dictaduras tanto de Argentina como de Venezuela. Cincuentones y sesentones – varones y mujeres – cuyas miradas por momentos andan perdidas por ahí. Algunos fuman y otros ya han dejado atrás el cigarrillo. Ellos y ellas han decido habitar sitios de gran belleza, son sus refugios, alejados de las ciudades y a prudente distancia de guarimbas (cortes de calles violentos, con quema de basura y caucho).

Allí la paradoja, con ellos y ellas transcurrimos estos días de turbulencia en Venezuela. El intento de golpe parece no terminar de doblegarse, mientras tanto, el gobierno de Maduro inicia una nueva etapa en la defensa de la paz y de la democracia: la respuesta del presidente venezolano al gobierno de Panamá, por agitar ideas intervencionistas en la OEA, expresada con contundencia desde el mismo palco desde el cual rindió homenaje al Comandante Eterno tras cumplirse un año de su muerte; la asunción de Bachelet en Chile como el marco para la reunión de cancilleres de UNASUR que en bloque sólido expresó su apoyo a la democracia en Venezuela; la conferencia de prensa de Maduro con periodistas de todo el mundo, sumado a la reciente decisión de lanzar un programa de radio desde el cual dialoga de modo directo con la ciudadanía. Así, el ámbito internacional y el comunicacional son el eje actual de la defensa, ante la persistente presencia del relato opositor en la escena mediática internacional que a través de CNN intenta la construcción de un escenario de guerra.

Las muertes en las guarimbas siguen produciéndose y en cada una, en cada caso, estos compañeros históricos, con quienes convivimos en estos primeros días de marzo, se telefonean, se escriben, se dan ánimo. Porque, también, las palabras se trastocan demasiado por momentos, los sentidos se tergiversan al punto del irrespeto absoluto hacia esas víctimas que padecieron en sus cuerpos el sentido total y absoluto del término dictadura. Por eso el contacto entre ellos se torna necesario, sanador. Porque la actualización de esa otra época, la de los 70 en la parte sur de esta América, parece inevitable. Las moradas construidas para encontrar la paz no bloquean la voz interna que no resigna la justicia, la paz, la democracia y la solidaridad como valores de lo humano.

Sus bibliotecas que rebalsan títulos clásicos de la política, la sociología, la novela o la poesía, no alcanzan para imponer la racionalidad ante la sensibilidad de los hechos. La reedición de dolores pasados y eternos, llegan a nosotros en sus miradas profundas, en los largos silencios y, por momentos, en voces a punto de la lágrima o en la manifestación de algunas obsesiones. El exilio y la clandestinidad han dejado sus huellas, al igual que esa marca que no tiene remedio: la del terror al sufrimiento con el dolor incalculable de la tortura como posibilidad inminente. Y aunque no nos guste extendernos en las implicancias de lo que significa una dictadura, parece que la hora amerita, una vez más, ese esfuerzo por ubicar las cosas en su sitio.
Porque nos gustaría hablar de socialismo del siglo XXI, del sentido y los desafíos del poder popular, de las misiones como brazo ejecutor de políticas públicas en revolución, de las experiencias de recuperación de los recursos estratégicos en nuestros países, de la revolución por vía pacífica. Sin embargo, estos grupos opositores que instan a retroceder, nos sitúan en la necesidad de remarcar, una y mil veces, la abismal diferencia entre la dictadura como exterioridad que cataloga basándose en quién sabe qué rasgos, y la dictadura como vivencia íntima y colectiva que ha parido perseguidos, desaparecidos, exiliados, madres, abuelas, hijos, nietos y tanto más.

Nada es casual en las palabras y en los fenómenos que se producen. Las transformaciones en Venezuela son fundacionales. El proceso constituyente ha dado lugar a una constitución antinatural a la derecha. Ese pequeño librito que Chávez no cesaba de enrostrarle al mundo, conceptualiza una nueva visión de vida en sociedad. La base es el poder del pueblo como potencia en la determinación de su destino.
“Yo creo que es terrible el poder constituyente, pero así lo necesitamos, terrible, complejo, rebelde; nunca debe someterse al poder constituido, no debe congelarse (…) Ese poder es el dueño del escenario, de la república, no somos nosotros, gobernadores, gobernadoras, alcaldes, alcaldesas, ministros, ministras, diputados, diputadas. Vamos a refrescar esto para traerlo a la conciencia y al actuar diario…” Chávez, expresa en estas palabras que el poder radica en esa complejidad que denominamos pueblo, por eso la constitución que ha logrado Venezuela sienta las bases para transitar al socialismo. Porque, además, y desde el punto de vista de la propiedad, pone en letras aquello que el libertador Bolívar ya había definido: “todo es de todos”, la tierra, los mares, las piedras y lo que del barro negro y de los mares surja. Chávez volvió ese paradigma a la conciencia colectiva, así el proceso de la refundación sustentado en la asamblea constituyente lo expresa en la nueva constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La derecha no perdona la exclusión de ese relato, por eso necesita construir la guerra, ese supuesto enfrentamiento entre compatriotas, para hacer viable ante los ojos del mundo la intervención y el golpe de estado: única forma en que esas letras, en esencia revolucionarias para el orden imperante, se suspendan.

Allí está la clave para entender lo propio de esta intentona. No se trata sólo de un descontento con la forma de gobierno, del desabastecimiento de ciertos productos o de la indignación por la pérdida de privilegios de algunos. El asunto aquí es más complejo, la derecha ha descubierto que por la vía electoral perderá aunque gane, porque lo cierto es que ya ha perdido la madre de todas las batallas que es la que dio origen a los nuevos principios rectores de la vida social, cultural, política y económica de Venezuela. Está en juego el precedente que sienta Venezuela si profundiza la ligazón cívico – militar que ha logrado, si desarrolla modelos socio productivos inclusivos basados en experiencias de poder popular- ese era el camino que Maduro había emprendido en esta fase de la revolución- y, como es obvio, está en juego el petróleo como recurso estratégico de todos, al mejor estilo bolivariano, o de unos pocos, al mejor estilo del capital concentrado.

Mientras tanto, estos hombres y mujeres que peinan canas, que saben el modo en que teoría y práctica se articulan, simulan haberse ido del mundo. Sin embargo, esa presencia estratégica en el aquí y ahora de la historia, aporta la experiencia de los errores y apunta con su fusil de ideas al punto exacto que es preciso desarrollar en todo el territorio. Cual hormigas, por las bases, con las herramientas normativas y políticas van promoviendo poder real. Los consejos comunales se activan tras sus pasos. Aún las experiencias son escasas, lo saben y aceleran en momentos donde otros miran expectantes. Es ahora, este es el momento en que el poder popular debe cobrar materialidad instituyente, rebelde, como decía el comandante. Aunque el imperio pretenda poner límite a esa fuerza, aunque sean capaces de inventar otra guerra, la audacia ya ha permeado la subjetividad del pueblo: hay una sociedad justa en el horizonte, ahora o más luego, en todo caso se trata de una cuestión de tiempo.
(*) La Cigarra | Contenidos y Comunicación

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