El secretario general de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky, busca renovar su banca en Diputados y asegura que les trabajadores tienen un “balance positivo” del Gobierno. También analiza los próximos debates: reducción de la jornada laboral y reforma del sistema de salud.

Hugo Yasky, secretario general de la CTA de los Trabajadores, es uno de los actuales diputados nacionales que buscará renovar su banca. Su probable continuidad, al igual que la de Vanesa Siley y Walter Correa, consolida un espacio de referencia del bloque de diputades sindicales del Frente de Todos, al que se suma el líder de la Bancaria Sergio Palazzo. El período de Yasky en la Cámara Baja no fue para nada fácil, ya que afrontó los últimos dos años del macrismo donde se desató una crisis económica seguida por la pandemia. A pesar de esta coyuntura, él reconoce que “ha habido una participación en los debates incorporando la perspectiva de la clase trabajadora”. En diálogo con El Grito del Sur, Hugo Yasky hace un balance de la gestión gubernamental del FdT y anticipa algunos nuevos proyectos: reforma del sistema de salud, reducción de la jornada laboral y comités mixtos de seguridad e higiene en las empresas.

Las elecciones intermedias suelen ser una instancia de evaluación de la gestión de gobierno. ¿Qué balance hacen las y los trabajadores del gobierno de Alberto Fernández?

Mayoritariamente creo que va a haber un balance positivo por parte de los trabajadores y las trabajadoras. Van a valorar no solamente el esfuerzo que se hizo en la pandemia, recuperando el tiempo perdido durante cuatro años donde el sistema de salud público fue prácticamente desquiciado. Además se va a tener en cuenta que, a diferencia de otros países de América Latina donde el sistema de salud terminó colapsado, en Argentina se pudo evitar ese cuello de botella. El Estado respaldó las medidas de aislamiento con el ATP, el IFE y se construyó una especie de coraza protectora del empleo con la prohibición de los despidos y la doble indemnización. Más allá de las dificultades que se vivieron y se están viviendo, está claro que hay un cambio de época. Pasamos de un Estado que propiciaba el abuso empresarial a un Estado que protege a los trabajadores.

Tanto vos como Vanesa Siley y Walter Correa buscarán renovar sus bancas y se suma Sergio Palazzo como un actor sindical en el Congreso. ¿Se consolida el bloque de diputados sindicales en la Cámara Baja?

Creo que es positivo el aporte que hicieron los diputados de extracción sindical. El papel de Vanesa Siley como presidenta de la Comisión de Trabajo, mientras que yo aporté desde la Comisión de Derechos Humanos. Se propusieron leyes que han sido importantes. Una de ellas es la que estableció un aporte solidario de los poseedores de grandes fortunas. Otra muy importante en la que tuvimos activa participación fue la de teletrabajo. Lo mismo con la ley que permitió subscribir el convenio 190 de la OIT contra la violencia laboral. Ha habido una participación en los debates incorporando la perspectiva de la clase trabajadora. Esa presencia se ve fortalecida con la incorporación de Sergio Palazzo como parte de las listas. Hemos tenido también una participación muy activa en la redefinición del impuesto a las ganancias, que había sido para la cuarta categoría una promesa de campaña incumplida por el macrismo. Además sostuvimos la necesidad de que, a través de paritarias libres y el dinamismo en el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, los salarios terminen ganando definitivamente a la inflación durante este año.

En el frente Juntos, por el contrario, cada vez hay menos representantes sindicales en sus listas. ¿Crees que es un fiel reflejo de los intereses que promueven?

Yo creo que sí. La oposición va dejando cada vez más al desnudo una dependencia con las grandes corporaciones financieras, ruralistas y de algunos poderosos grupos de empresarios vinculados a los medios de comunicación. Esto a diferencia del Frente de Todos, que puede mostrar con orgullo activistas de los movimientos sociales, los movimientos feministas, las luchas sindicales, los organismos de derechos humanos y los movimientos en defensa del medio ambiente. Todo ese conglomerado de militancia se confronta como en una especie de imagen invertida con representantes de corporaciones empresarias, ruralistas, comisionistas de fondos de inversión, es decir, es el reverso de la moneda.

Son varios los actores que han hablado de la necesidad de una reducción de la jornada laboral y parece tener cada vez más apoyo en la sociedad. ¿Es posible avanzar en esta iniciativa durante el próximo período en el Congreso?

Creo que hay una buena recepción por parte de la comunidad. Los empresarios se han puesto en guardia y ya han manifestado en algunos casos un rechazo prematuro, porque ni siquiera conocen bien el contenido de los proyectos. Junto a México, la Argentina tiene la jornada laboral más extensa de América Latina. Es la misma que existía hace 102 años cuando se constituyó la OIT y se estableció la jornada que rige en nuestro país de 48 horas. En la década del 60’, 70’ y 80’, la mayoría de los países de Europa redujeron esa jornada a modelos de 36 y 38 horas. Creo que va a haber condiciones para poder avanzar en este debate, porque en todos los casos se demuestra que la productividad crece cuando se reducen las horas de trabajo. Decrece la siniestralidad laboral y los conflictos intralaborales. Se hace un uso más racional de la energía, se produce una situación que le permite a los trabajadores y a las trabajadoras impregnarse más en las tareas de cuidado, independientemente de que sea hombre o mujer el que esté beneficiado con la reducción de las horas de trabajo. Va a ser un debate interesante.

El debate que se abrió durante la pandemia sobre el sistema de salud argentino incluye una redefinición sobre las obras sociales. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Yo creo que es necesario una reforma para resolver problemas estructurales. Se requiere encontrar fórmulas que fundamentalmente permitan terminar con la idea de que la salud debe quedar en manos del mercado y que el sector público debe ocuparse únicamente de la franja marginal. En la práctica esto no ocurre así. En situaciones de emergencia, hemos visto cómo gente que cotizaba cuotas en prepagas tuvieron que ser atendidas en el hospital público. Y muchas veces sucede lo mismo cuando hablamos de tratamientos sofisticados o de alta complejidad. Entonces lo lógico es que se puedan concentrar e integrar distintos subsistemas para que haya una armonía y una optimización de los recursos que permita abaratar costos. Hay que expandir la oferta y, sobre todo, generar una prestación de calidad, que no tenga los profundos desniveles que tiene actualmente el sistema.

La campaña de vacunación avanza en forma acelerada y de a poco comienzan a implementarse las diferentes formas laborales pre-pandemia. ¿Cómo debe manejarse esta vuelta a la presencialidad?

Estamos presentando un proyecto en los próximos días, que también surgió del bloque de diputados sindicales, para la constitución de comités mixtos de seguridad y salud. Éstos van a posibilitar que las y los trabajadores participemos en comisiones mixtas con representantes de los empresarios para la definición de las condiciones de salud. Esto en el marco de la pandemia tiene mayor relevancia. Es una carrera contrarreloj, porque la llegada de la variante Delta va a significar un hecho cuya incidencia se podrá morigerar si tenemos una mayor cantidad de gente vacunada con la segunda dosis. Esperemos que podamos terminar agosto con un grado alto de bioseguridad: no podemos bajar la guardia ni se puede subestimar el daño de la variante Delta.

Publicada originalmente en: https://elgritodelsur.com.ar/2021/08/yasky-pasamos-de-estado-que-propiciaba-abuso-empresarial-otro-que-protege-trabajadores.html

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