Hace ya dos días un grupo de veinte mujeres indígenas de distintas naciones originarias del país esperan ser atendidas en Ministerio del Interior.

Son las nueve de la mañana del miércoles 9 de octubre. El escenario en las inmediaciones del Ministerio del Interior de la Ciudad de Buenos Aires no aporta muchas novedades al acontecer de los días. Sus trabajadores y trabajadoras circulan por el espacio acostumbrados a la rutina.

De pronto, casi como irrumpiendo con la fuerza de la memoria ancestral una trutruca quiebra el silencio de los zapatos con tacos sobre el suelo. El viento va acercando de a ratos los afafan que llegan del sur y los jallalla que arriman desde el norte. La puerta del edificio empieza a empapelarse con carteles que llevan la cara de Marcelino Olaire, algunas banderas wipala, la wenufoye (bandera que representa a la nación Mapuche) y de manera casi coreográfica de un lado al otro de la calle se cuelga otra bandera que dice “Sembraron Terricidio, Cosecharán Rebelión”. Empieza a ser difícil para las personas que por allí circulan no prestar atención a las decenas de mujeres indígenas que interrumpieron de forma pacífica y coordinada la vereda, la calle y la entrada del Ministerio del Interior.

Son una veintena de mujeres . Algunas vestidas con ropas típicas de los pueblos a los que pertenecen. Otras cargan niños y niñas. Y otras, sus marchas.

Moira Millan, weychafe e integrante del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir (que acompaña esta convocatoria) se acerca a una de las secretarias: “Buenos días, venimos viajando hace muchos días desde distintos lugares del país, queremos tener una reunión urgente con el señor ministro Rogelio Frigerio porque nuestros territorios están siendo asesinados y nuestras mujeres junto con ellos”. Claro que la secretaria que tomó el recado sólo pudo decirles que el señor Frigerio no se encontraba allí. Las mujeres que llevaban unos tres días viajando solo para sentarse a hablar, para hacer llegar su mensaje y su preocupación a un funcionario que nunca recorrió los territorios indígenas se miraron entre sí, y como suelen hacer cuando un conflicto se presenta, armaron un círculo, una reunión o un pichi trawn y definieron quedarse a esperarlo allí el tiempo que hiciera falta.

Las horas pasaron y la espera devino en ocupación pacífica del edificio. Las mujeres qom, mapuche y guaranies se sentaron a esperar. Cuando el espíritu estaba cansado alguna de las más jóvenes “sacaba de adentro” una canto en su idioma, o un kultrum (tambor sagrado mapuche) resonaba obligando a los transeúntes a no pasar sin conmoverse.

Llegó la noche y llegaron las sirenas de la policía que asustaron a más de una de las personas que estaban en el cordón de la vereda. Llegó también la orden de desalojo. Lo que no apareció fue la sorpresa. “Estamos acostumbradas a que nos repriman, a que nos intimiden, a que nos peguen hasta matarnos…la diferencia es que esto sucede entre montañas y lagos o en medio de la selva y ahora de suceder será frente a la mirada atenta de quienes viven en esta ciudad”.

En la puerta comenzó a juntarse gente que se acercó para llevar reposeras, comida y uno que otro “mate para acompañar la vigilia”. Pocas personas teniendo en cuenta que estamos a días del Encuentro de Mujeres que se realizará en La Plata, o que la indignación por lo que sucede en Ecuador es moneda corriente, o incluso la Bolivia Plurinacional de Evo es bandera en muchas de las reivindicaciones de organizaciones sociales que no se hicieron presente allí.

Casi llegada la medianoche la antropológa Rita Segato se acercó al lugar para escuchar las denuncias que estas mujeres traen consigo, y a la tarde siguiente la Ronda de los jueves se pintó de colores andinos cuando Norita Cortiñas las sumó a ese histórico círculo que otras mujeres, al igual que ellas, construyeron hace años pidiendo justicia por sus hijos y los hijos de sus hijos.

Hoy es 11 de octubre, último día de la libertad para los pueblos Indígenas de América. Hace ya 48 horas que veintitrés mujeres pertenecientes a las Naciones y comunidades Indígenas Tapiete (Salta), Mbya Guarani (Misiones) Qom (Formosa y Chaco) Mapuche- Tehuelche (Río Negro y Chubut) y Mocoví (Santa Fé) esperan ser atendidas por el Ministro.

Tienen una lista de preocupaciones y denuncias que van desde la restitución, relevamiento y recuperación de los territorios de los que son parte, el pedido urgente por la desmilitarización de los mismos, los pedidos de justicia por parte de las familias de Marcelino Olaire y Ismael Ramirez (niño Qom asesinado por fuerzas policiales), el pedido de estado de alerta de los feminicidios indígenas que no figuran en las estadísticas oficiales, el cupo laboral obligatorio para las mujeres indígenas, una educación pluricultural y la construcción de un derecho plurinacional que les permita ejercer la medicina ancestral enseñadas por sus abuelas. No se trata, tal como explican ellas a quienes estén dispuestos a escuchar, de los gobiernos y partidos políticos que ocupan el poder. Se trata de una reparación histórica que el estado argentino debe hacer para con los cuerpos y territorios de las mujeres indígenas.

“La Rebelión de las Flores Nativas” llama el Comité de Mujeres Indígenas de Territorios en Conflicto Autoconvocadas a este proceso que se está gestando hace muchos años mediante la solidaridad y tejido de redes entre distintas naciones indígenas.

Es una buena oportunidad para que la sociedad argentina en su conjunto se libere de su sesgo racista y colonial y esté a la altura de este momento histórico. Para así abrazar estos reclamos y comprender de una vez y para siempre que el buen vivir es un derecho de todos los seres humanos.

Al momento de escribir esta nota, nueve de las veintitrés hermanas indígenas estaban entrando a la Casa Rosada para hacer llegar su palabra.

Por Mariel Bleger (*)

Fotos 1 y 2: Leandro Rodriguez y Celeste Zapana (**)

(*) Antropóloga. Equipo de Comunicación del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

(**) Equipo de Comunicación del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir

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